Momento Espírita
Curitiba, 23 de Setembro de 2026
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ícone María de Nazaret

Nuestra Señora de la Luz de los Pinares.

Es con esta denominación que la Madre de Jesús fue elegida para ser la protectora de Curitiba, la capital de Paraná - Brasil.

Y existen muchas otras denominaciones con las que es recordada la Madre de Jesús.

De acuerdo con el lugar y las circunstancias, Ella recibe el calificativo.

Nuestra Señora de Fátima, de La Salette, de los Navegantes, Inmaculada Concepción, Nuestra Señora Aparecida.

Algunas de las denominaciones tienen relación con apariciones de Espíritus luminosos.

Al presentarse con características femeninas y excelsa belleza, fueron tomados por la propia Madre de Jesús.

Fue solamente en la segunda mitad del siglo IV que María pasó a ser objeto de culto.

En Armenia, en la Galia y en España, los documentos del siglo VI registran un día consagrado a María. En Roma, las festividades en Su homenaje aparecen solamente en el siglo VII.

No se sabe con certeza si las apariciones eran realmente de la Madre de Jesús. Sin embargo, todas las religiones cristianas veneran la figura singular de María de Nazaret.

En el Espiritismo también aprendemos a reconocer en María a una entidad muy evolucionada.

Hace más de dos mil años ya había conquistado elevadas virtudes que la hicieron apta para desempeñar, en la corteza terrestre, la elevada misión de recibir en Sus brazos al emisario de Dios.

Emisario que se hizo niño para transformarse en el modelo de perfección moral al que la humanidad puede aspirar sobre la Tierra.

Después del episodio de la crucifixión de su hijo, María permanece durante un breve período en Batanea.

Luego se traslada, junto con Juan Evangelista, a Éfeso. Allí establece un lugar de acogida y refugio para los desamparados.

Con Juan, comienza a enseñar las verdades del Evangelio. En pocas semanas, la casa de Juan se transforma en un lugar de adorables reuniones.

María habla de Sus recuerdos. Habla de Jesús con maternal ternura.

Transcurridos algunos meses, numerosas filas de necesitados comienzan a frecuentar aquel generoso lugar.

Son ancianos y desengañados del mundo que vienen a escuchar palabras reconfortantes.

Son enfermos que invocan Su protección. Desdichados que piden la bendición de Su cariño.

Su morada pasa a ser conocida como la Casa de la Santísima.

Así fue hasta Su muerte. Al liberarse del cuerpo físico, desea ver de nuevo a Galilea.

Había sido allí donde Su hijo presentara los más bellos cantos de la Inmortalidad.

Después, visita las cárceles de Roma, repletas de discípulos del Maestro que esperan la muerte. Los consuela y les transmite ánimo.

En la Espiritualidad, Jesús le confía la asistencia a los suicidas.

Esos Espíritus, en profundo sufrimiento en el Más Allá, son atendidos por la Legión de los Siervos de María.

María es, por lo tanto, la sublime acogedora de esos Espíritus que se arrojaron a los abismos de la muerte voluntaria.

Todas las peticiones que se Le dirigen son acogidas por Sus emisarios. Examinadas y atendidas conforme al criterio de la verdadera sabiduría.

María de Nazaret continúa amparando con inmenso amor maternal a toda la humanidad.

Los espíritas La reconocen como un Ser Sublime que, en la Tierra, mereció la honrosa misión de acompañar, con solicitud maternal, a Aquél que fue el redentor de los hombres, nuestro Maestro y Señor Jesús.

Redacción de Momento Espírita, con base en datos
 históricos recogidos en la entrada
Maria, de la
 
Enciclopedia Mirador, vol. 13, ed. Enciclopédia Britânica
 do Brasil.
Traducido por el Grupo Momento Espírita de Colombia
El 21.9.2026

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