Momento Espírita
Curitiba, 18 de Setembro de 2026
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ícone Dinero y servicio

Cuando observamos el mundo, es común encontrar personas que culpan al dinero de gran parte de los males que nos atormentan.

Es el hombre colocando en algo externo, en un simple instrumento de intercambio, la responsabilidad por sus desgracias.

El dinero, en sí mismo, es un agente valioso y neutro que requiere dirección y empleo en nuestras manos.

Es comparable a la sangre en el mundo orgánico: circulando, garantiza la vida. Deteniéndose, acelera la muerte.

El pan extingue el hambre, pero es el dinero el que ayuda a producirlo.

La vestimenta abriga el cuerpo, pero es él quien ayuda a confeccionarla.

El remedio socorre, pero es la moneda la que incentiva su preparación.

La caridad suprime la penuria, pero es el dinero el que asegura sus manifestaciones.

Por estas razones, somos invitados a reflexionar sobre su empleo.

Jesús nos advierte que no podemos servir a Dios y a Mamón, pues el amor desmedido al oro nos desvía del perfeccionamiento espiritual.

El hombre es solamente el depositario de los bienes que Dios puso en sus manos, y tendrá que rendir cuentas del uso que les dé.

El mal uso consiste en aplicar la riqueza exclusivamente en la satisfacción personal, alimentando excesivamente la vanidad y el orgullo.

El buen uso es aquel que produce un bien para el prójimo.

Veamos qué diferencia aparentemente sutil, pero que lo determina todo. Ella separa la utilidad de la extravagancia. Distingue lo que es aceptable de lo que se vuelve absurdo.

Muchos creen que la caridad se resume en esparcir por el camino lo superfluo de una existencia dorada.

Sin embargo, la verdadera caridad va más allá, pues está llena de amor y busca la desgracia para levantarla, sin humillar.

El Evangelio nos aconseja ir hasta los orígenes del mal.

Aliviar primero, informarse después, verificando si el trabajo, los consejos y el afecto no serán más eficaces que la limosna.

Es importante recordar que prevenir la miseria es un deber tan imperioso y meritorio como aliviarla.

Esa es la misión de las fortunas: generar trabajos útiles que desarrollen la inteligencia y enaltezcan la dignidad del hombre.

El trabajo dignifica, permitiendo que el individuo diga que gana el pan con el que habrá de alimentarse él y los suyos, mientras que la limosna, muchas veces, humilla y degrada.

Por eso, siempre que sea posible, convirtamos la caridad en salario, para que quien la reciba no se sienta avergonzado.

Además de los bienes materiales, recordemos que la riqueza de la inteligencia también debe ser compartida.

Derramemos a nuestro alrededor los tesoros de la instrucción y del amor.

Compartamos nuestro saber, donemos nuestro tiempo y estaremos recorriendo la senda del bien.

La vida es breve.

Dedicarse únicamente al bienestar material, descuidando el alma, es una ilusión peligrosa y esclavizante.

El cuerpo muere, pero el Espíritu vive y solamente él importa para la eternidad.

Así, abramos paso al dinero hacia el reino del bien.

Actuemos y sirvámonos de él en beneficio de cuantos comparten el camino con nosotros.

De esta manera, estaremos en conjunción incesante con la Providencia Divina y transformaremos la riqueza en fuente viva del bien eterno.

 

Redacción de Momento Espírita, con base en el cap. 49
 del
Livro da esperança, por el Espíritu Emmanuel,
psicografía de Francisco Cândido Xavier, ed. CEC,
y en el cap. XVI, ítems 11 a 13 de
O Evangelho
segundo o Espiritismo, de Allan Kardec, ed. FEB.
Traducido por el Grupo Momento Espírita de Colombia
El 16.9.2026

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