Momento Espírita
Curitiba, 18 de Setembro de 2026
busca   
no título  |  no texto   
ícone El color de nuestra misión

¿Alguna vez se ha preguntado por qué nacemos con este o aquel color de piel? ¿Por qué reencarnamos como negros, blancos o amarillos?

¿Por qué algunos de nosotros despertamos a la vida en países marcados por graves problemas políticos y ambientales, o en naciones que sufren por el hambre, la miseria y el poder arbitrario de gobiernos que parecen eternizarse?

Comprendemos que el azar no existe. La vestidura física y el escenario en el que transitamos forman parte de una planificación minuciosa. Nacer con determinado color de piel o en cierto contexto social y geográfico refleja las directrices particulares de cada Espíritu.

Es el escenario exacto donde debemos realizar nuestro aprendizaje y, sobre todo, nuestra cuota de contribución benéfica a la humanidad.

Algunos comprendemos esto de inmediato. Como aquel actor que, nacido en Miami, criado en las Bahamas, llegó a los Estados Unidos siendo aún adolescente y encontró una sociedad que intentaba, a toda costa, definirlo y limitarlo por el color de su piel.

Al buscar un lugar en el cine, se encontró con un engranaje cruel: los papeles destinados a actores negros estaban, en aquella época, invariablemente marcados por la sumisión, la ignorancia o la caricatura degradante.

Él necesitaba del salario para sobrevivir, pero su alma noble habló más alto.

Sidney Poitier tomó una decisión inflexible que podría haberle costado su carrera. Rechazó papeles que consideraba ofensivos para su humanidad. Se empeñó en interpretar a profesionales respetados, médicos, profesores, hombres de carácter.

Su postura frente al prejuicio lo llevó a derribar barreras inimaginables. En 1964, hizo historia al convertirse en el primer hombre negro en ganar el Oscar al mejor actor.

Tres años después, brilló interpretando a un médico negro, prometido de una joven blanca, precisamente cuando el país debatía el fin de las leyes que prohibían el matrimonio interracial.

Y fue en el amor donde también encontró su puerto seguro, lejos de los reflectores. Con la actriz Joanna Shimkus, construyó un matrimonio de casi cuarenta y seis años.

Cuando le preguntaron si la diferencia racial había sido un problema en la vida cotidiana de la pareja, Joanna no pronunció discursos políticos, apenas respondió con la sencillez de las almas afines: Creo que simplemente estábamos destinados a estar juntos.

Sidney Poitier regresó a la patria espiritual a los noventa y cuatro años, dejando un legado indeleble.

Utilizó su profesión, su lugar en el mundo y su condición física para sanar dolores sociales, abrir puertas y elevar el espíritu humano. No se conformó. Él hizo la diferencia.

*

¿Y nosotros? ¿Qué estamos haciendo con el escenario que nos fue confiado?

Dondequiera que nos encontremos hoy, en la profesión, en la sociedad o en el ámbito religioso en el que transitamos, tenemos en nuestras manos el poder de transformar la realidad.

No importa si el país enfrenta graves crisis o si los obstáculos parecen insuperables. Nacimos en el lugar correcto, con las características exactas que necesitamos para ser agentes de cambios para mejor.

Seamos pioneros del amor, de la integridad y del respeto. Dondequiera que la vida nos haya plantado, florezcamos y hagamos la diferencia.

Redacción de Momento Espírita,
 con datos biográficos de Sidney Poitier.
Traducido por el Grupo Momento Espírita de Colombia
El 16.9.2026

© Copyright - Momento Espírita - 2026 - Todos os direitos reservados - No ar desde 28/03/1998