El deber del cristiano es volverse cada vez mejor. En El Libro de los Espíritus, encontramos la siguiente recomendación del Espíritu San Agustín:
Haced lo que yo hacía cuando viví en la Tierra: al final de cada día interrogaba a mi conciencia. Repasaba lo que había hecho y me preguntaba a mí mismo si no había faltado al cumplimiento de algún deber. Si alguien habría tenido algún motivo para quejarse de mí.
Fue así como llegué a conocerme y a ver lo que en mí necesitaba reforma.
Muy oportuno es, entonces, que, en nuestra condición de seguidores de Jesús, nos preguntemos, para saber cómo anda nuestra paciencia:
¿Estamos más tranquilos y comprensivos?
Recordando nuestra convivencia en el hogar, respondamos: ¿Ya hemos logrado conquistar un ambiente de paz dentro del hogar?
Observando nuestras manifestaciones con los amigos, preguntémonos:
¿Llevamos el Evangelio más vivo en nuestras actitudes?
Examinando nuestro propio desapego, verifiquemos: ¿Estamos un poco más libres del anhelo de posesiones terrenales?
¿Estamos utilizando más los pronombres nosotros, nuestro, nuestra y menos los posesivos mío, mía?
¿Son menos frecuentes nuestros momentos de tristeza o de cólera?
¿Cómo marcha la cuestión de los desafectos y las aversiones? ¿Hemos logrado acercarnos a las personas que no nos resultan tan simpáticas? ¿O todavía cultivamos una discreta enemistad?
¿Ayudamos a los necesitados con mayor abnegación? ¿Cómo hemos mirado a los miserables que viven aferrados a las laderas, a orillas de los ríos?
¿Cuál ha sido nuestra opinión respecto de los niños que se presentan como niños y niñas de la calle, descuidados y ociosos?
¿Somos de aquellos que solamente critican o ya nos hemos acreditado como voluntarios en algún servicio del bien para revertir la situación?
Recordando nuestra fe, ¿podemos afirmar que se muestra más firme?
¿Hemos orado de manera sincera?
¿Hemos demostrado mayor indulgencia a través de nuestras palabras? ¿Hemos hecho nuestros brazos más activos y nuestras manos más bendecidoras?
Todo el Evangelio de Jesús, a quien seguimos, es alegría en el corazón. ¿Estamos, de hecho, más alegres y felices en nuestra intimidad?
Todo avanza. Todo evoluciona. Procuremos hacer lo mismo.
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Un día que se ha ido es una cuota más de responsabilidad, un paso más rumbo a la vida espiritual, una oportunidad aprovechada o perdida.
Interroguemos a nuestra conciencia acerca de la utilidad que hemos dado a nuestro tiempo, a la salud y a las oportunidades de hacer el bien.
Procuremos descubrir, en nosotros mismos, las señales del progreso que el contacto con el Maestro Jesús ha realizado en nosotros.
Y, si descubrimos que permanecemos estacionados, pongamos de inmediato manos a la obra en el trabajo de nuestra reforma interior, a fin de convertirnos en verdaderos cristianos. Esto porque el mundo necesita mucho del mensaje de Cristo pensado y vivido.
Redacción de Momento Espírita, con base en el ítem 919ª
de El Libro de los Espíritus, de Allan Kardec, ed. FEB, y en el
cap. 1 del libro Opinião espírita, por los Espíritus Emmanuel y
André Luiz, psicografía de Francisco Cândido Xavier, ed. CEC.
Traducido por el Grupo Momento Espírita de Colombia
El 12.8.2026