Momento Espírita
Curitiba, 13 de Agosto de 2026
busca   
no título  |  no texto   
ícone Laboratorio del amor

¿Qué hacer cuando alguien desea aprender a leer y escribir? Ciertamente, el camino más fácil será buscar una escuela.

¿Y cuando deseamos aprender un oficio o prepararnos para una profesión? Acudimos a las escuelas técnicas o a la universidad.

Allí, sin duda, encontraremos los medios, las posibilidades y los recursos para nuestra formación.

¿Y cuando deseamos aprender a amar? ¿Cuál es la mejor escuela a la que podemos acudir?

Después de una breve reflexión, descubrimos, a través de nuestra vida cotidiana y de nuestras relaciones, una escuela grande e indispensable.

No existe una fórmula para aprender a amar sin convivir. Toda oportunidad de relacionarnos con el prójimo es una invitación a aprender a amar.

Es natural que, cuanto más frecuente y más estrecha sea la convivencia, mayores sean también los desafíos y las oportunidades para ese aprendizaje.

De este modo, la vida en familia, el convivir bajo el mismo techo y la intimidad de la vida familiar constituyen un incomparable laboratorio de experiencias.

Por esa razón, la Providencia Divina coloca allí a muchos de aquellos seres con quienes tenemos compromisos adquiridos desde hace mucho tiempo.

Bajo la protección del hogar encontraremos o reencontraremos almas que, de alguna manera, están vinculadas a nuestra historia, porque ya hemos compartido otras experiencias reencarnatorias, cercanas o lejanas.

Bajo una nueva apariencia y con nuevos vínculos familiares, el ambiente del hogar nos ofrece las experiencias necesarias para nuestro crecimiento moral.

No es raro que adversarios de otras existencias renazcan unidos por lazos de sangre con el fin de superar sus diferencias.

Víctimas y victimarios de relaciones pasadas, ahora bajo el bendito velo del olvido, reinician su convivencia dentro de los lazos familiares.

Del mismo modo, los seres que se aman vuelven a encontrarse; las almas afines programan experiencias de convivencia y cooperación, conforme a planes establecidos antes del nacimiento.

Por eso el hogar será siempre el bendito taller, el laboratorio por excelencia para el ejercicio del amor.

Es natural, entonces, que las relaciones familiares, en ocasiones, se encuentren aún en proceso de construir los lazos de afecto y de cariño.

Es importante tener presente que el azar no es el factor que determina la estructura de nuestra familia.

Por lo tanto, por más desafiantes que sean las relaciones familiares, serán precisamente ellas las más necesarias y las más ricas en enseñanzas.

Cuando comprendemos que forman parte del trabajo constante del corazón, percibimos que incluso los antagonismos y los conflictos que surgen en esa convivencia son procesos naturales entre quienes apenas comienzan a aprender el arte de amar.

Al superar las divergencias, iremos renovando poco a poco nuestro mundo interior y restableciendo nuevos valores en nuestra intimidad.

Alejarnos o huir de esas relaciones significa postergar el compromiso que tenemos con quienes hoy forman nuestro universo familiar.

Comprender que las dificultades en las relaciones pueden mejorar e incluso ser superadas, siempre que exista voluntad, demuestra madurez y un verdadero deseo de reconciliación.

Así, comprendamos que nuestro hogar, por difícil que a veces pueda parecernos, es la mejor escuela que la vida nos ofrece.

Y todos los que convivimos en la intimidad de la familia somos profesores unos de otros, en el maravilloso desafío de aprender a amar.

Redacción de Momento Espírita.
Traducido por el Grupo Momento Espírita de Colombia
El 10.8.2026

© Copyright - Momento Espírita - 2026 - Todos os direitos reservados - No ar desde 28/03/1998