Momento Espírita
Curitiba, 13 de Agosto de 2026
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ícone Él, el Cristo

Se hizo humano, Él que es luz estelar, para que pudiera caminar entre nosotros y cantar Su verbo de luz.

Se hizo simple, Él que conoce y comprende toda la compleja y grandiosa estructura del Universo y las Leyes del Creador.

Ejemplificó la humildad, aun teniendo en Sus manos el destino de todo el planeta.

Cuando tantos esperaban al conquistador, Él vino a ser siervo de todos, amparando las miserias humanas, curando las heridas del alma, sosteniendo las necesidades del Espíritu.

Cuando muchos querían al Mesías Rey, Él se hizo obrero, hijo de carpintero, proveniente de una aldea simple, casi desconocida, para que Su verbo de luz conquistara los corazones.

Cuando otros anhelaban las conquistas terrenales, los tesoros que brillan ante los ojos, Él señalaba las riquezas del alma.

Cuando muchos elegían la belleza, la fama, las ilusiones del mundo, Él estaba con los cojos, leprosos, ciegos y lisiados, del cuerpo y del alma, mostrando la transitoriedad de la vida física.

Cuando tantos se perdían en tradiciones y reglas vacías, Él daba nuevo significado a las cosas y a los actos, enseñando que lo exterior nada significa si no refleja el mundo interior, ese sí, de gran importância.

Transitaba entre poderosos, ricos e intelectuales, pero también entre los simples, los analfabetos y los pobres, pues veía a todos como almas en evolución, Sus hermanos, hijos de Dios.

Si tantos elegían las armas, la guerra y la muerte como herramientas de conquista y usurpación, Él vino a conquistar el mundo, sin usurpar nada, hablando y vivenciando el amor, en su más alta expresión.

Si en aquella época fue incomprendido, rechazado o ignorado por muchos, no fueron pocos aquellos que se dejaron tocar por Su presencia y nunca más volvieron a ser los mismos.

En aquellos días, reinaba la violencia, la barbarie y las injusticias. No muy diferente de los días de hoy.

En aquellos días, el poder, el dinero y las glorias externas eran el deseo y la ambición de los hombres. Exactamente igual que en los días actuales.

Si la tecnología, hija del intelecto, transformó el mundo, nosotros todavía continuamos prácticamente iguales.

El amor, hijo del corazón, todavía espera espacio para surgir en nosotros y transformarnos íntimamente, para que entonces el mundo se transforme efectivamente.

Somos todos nosotros todavía, los cansados y afligidos que Él aguarda pacientemente para ampararnos.

Somos todavía los lisiados, no del cuerpo, sino del alma, necesitados de Él para nuestra cura definitiva.

Somos aquellos, de alma sufrida, por las elecciones infelices que hicimos, ahora sedientos de Su paz.

Y aún hoy Él nos espera, para que, cansados de las ilusiones de la vida, podamos tenerlo efectivamente como el Camino, la Verdad y la Vida.

*

Jesús Cristo es siempre la mejor respuesta para todas nuestras necesidades, anhelos y carencias.

Como hace más de dos mil años, Él continúa siendo el pastor fiel, el jardinero de las almas, nuestro Maestro y Señor.

No nos perdamos en los laberintos del mundo, entre la incertidumbre y la soledad. Entreguemos nuestras vidas al amor no amado y sintamos los beneficios de Su presencia en nosotros.

Hagamos ésto.

Redacción de Momento Espírita.
Traducido por el Grupo Momento Espírita de Colombia
El 10.8.2026

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