Momento Espírita
Curitiba, 13 de Agosto de 2026
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ícone Compromiso con la consciência

Seguramente, en algún momento de su vida, usted ha leído o escuchado la noticia del robo, incendio, naufragio o explosión de algún bien mueble o inmueble perteneciente a alguien.

Sin embargo, jamás habrá leído o escuchado un titular que diga:

Fue robado el valor de esta o aquella persona. Se extravió una gran porción de optimismo. Quien la encuentre, por favor devuélvala a la dirección indicada.

O bien: Un incendio consumió toda la fidelidad de fulano. O naufragó la honestidad de mengano.

En fin, nunca hemos tenido noticias de que las virtudes de alguien hayan sido objeto de un robo o de cualquier otro daño.

Y, no obstante, esa es una realidad en nuestro mundo. Ocurre todos los días, cuando negociaciones indignas derriban la honestidad y la honradez de este o aquel ciudadano, que sucumbe ante grandes sumas de dinero o favores de cualquier naturaleza.

Esas virtudes que se dejan arrastrar por intereses personales no son virtudes verdaderas. Son apenas ensayos muy frágiles de virtud.

Quien verdaderamente conquista una virtud jamás la pierde.

Un amigo nuestro, joven abogado que trabajaba en un organismo público, nos contó que, en cierta ocasión, tenía una pila de expedientes sobre su escritorio cuando su superior entró en la oficina, tomó dos de ellos, los apartó y le dijo:

Quiero que archive estos expedientes.

El abogado preguntó por qué debía archivarlos, y recibió la explicación de que los acusados eran sus amigos y le habían pedido ese favor.

El joven, comprometido con su propia conciencia, permitió que los expedientes siguieran su curso normal.

Tiempo después, los acusados tuvieron que asumir las costas del proceso e indemnizar a varios ciudadanos a quienes habían perjudicado.

Cuando su superior le preguntó por lo sucedido, el abogado respondió que el hecho de que los acusados fueran sus amigos no era razón suficiente para eximirlos de la responsabilidad por sus actos.

Si aquel joven abogado no hubiera tenido firmeza de carácter, habría dado lugar a que en su historial espiritual quedara registrada la siguiente anotación:

Este Espíritu sufrió, en esta fecha, un asalto de la corrupción y de la prepotencia. Le fueron robados sus bienes más preciados: la fidelidad y la honestidad.

Afortunadamente, eso no ocurrió.

*

La existencia nos invita, con cada amanecer, al ejercicio sublime de la rectitud y de la paz interior.

La fidelidad al deber es la brújula que orienta el alma en medio de mares agitados. La honestidad en la conducta es el sereno resplandor de quien no teme encontrarse consigo mismo frente al espejo.

Ser íntegro en ausencia de testigos es la verdadera medida de nuestra madurez espiritual.

No existe mayor grandeza que honrar la palabra empeñada y el compromiso asumido con la vida. El deber rectamente cumplido florece en un sueño tranquilo y en una conciencia serena, el mayor tesoro del Espíritu.

Seamos obreros del bien, transformando la vida cotidiana en un altar de servicios prestados con nobleza. La fidelidad a los valores de Cristo es el puente seguro que nos concede armonía y paz de espíritu.

Redacción de Momento Espírita,
con base en un hecho real.
El 28.7.2026

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