¿Cuántas veces pensamos en ganar la lotería? ¿Cuántas veces, al enterarnos de los elevados premios, imaginamos poner las manos sobre aquella enorme cantidad de dinero?
Incluso, de manera sencilla, comentamos que no necesitaríamos ganar el valor total solos. Tal vez una quinta parte, o un tercio del premio, ya sería suficiente.
Podríamos, de inmediato, dejar el trabajo profesional. Podríamos disfrutar de la vida.
Y los sueños comienzan a enumerarse. Nos imaginamos realizando aquel viaje idealizado desde hace tanto tiempo y siempre postergado.
Tal vez ahora podría ser el momento. Viajar sin preocupaciones por el dinero gastado. Hospedarse en los mejores hoteles, conocer lugares refinados.
Visitar sitios que solamente conocemos por fotografías, asistir a espectáculos en el teatro Mariinsky, en San Petersburgo, y en los famosos teatros de Broadway.
Visitar el museo Hermitage en Rusia, la Catedral de Sal en Colombia, las antiguas ciudades de Europa, testigas de las tragedias y conquistas de la Historia.
Las ruinas del palacio de justicia romano, del Coliseo y las localidades de Oriente por donde caminaron grandes poetas, historiadores y dramaturgos.
¡Ah, si ganáramos el gran premio!
Cuántos sueños podríamos concretar. Y cuánta alegría disfrutaríamos.
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En marzo de 2015, una profesora de literatura ganó el Premio Global al profesor, en Dubái, de los Emiratos Árabes Unidos. La suma fue de un millón de dólares.
La estadounidense Nancie Atwell fue seleccionada entre mil trescientos candidatos de ciento veintisiete países.
Su nombre fue anunciado en el escenario por Sunny Varkey, creador de la Fundación Varkey, organización sin fines de lucro enfocada en temas de educación.
Varkey es también fundador de la empresa educativa sin fines lucrativos Gems, que posee más de ciento treinta escuelas en todo el mundo.
Junto a Nancie, fueron llevados a Dubái, para la ceremonia, los otros nueve finalistas. Había dos profesores de Estados Unidos y los demás provenían de Afganistán, India, Haití, Camboya, Malasia, Kenia y Reino Unido.
El premio fue instituido para ser el mayor de su categoría y para servir como una especie de Nobel destinado, cada año, a un profesor excepcional.
Pues bien, aquella profesora, con cuarenta y dos años de trabajo utilizando métodos innovadores y pioneros en la enseñanza de literatura, anunció que donaría el valor total del premio al Centro de Enseñanza y Aprendizaje, que ella misma fundó en 1990, en Edgecomb, Maine.
Se trata de una escuela sin fines lucrativos, cuyo objetivo es desarrollar y divulgar métodos de enseñanza. Según sus estadísticas, el noventa y siete por ciento de sus graduados ingresa a la universidad.
Nancie dijo que su verdadera recompensa proviene de las respuestas de los alumnos, de su desempeño y del éxito que ellos alcanzan.
Creo que soy premiada todos los días por las experiencias que tengo con los niños en el aula, declaró ella.
Con su gesto, ofreció al mundo una gran lección, quizá la mayor de su vida: la del desprendimiento y el amor al prójimo.
Enseñó que lo más importante es concretar los sueños de los demás y, con ello, se consagró en la Academia del Bien.
Pensemos en ésto.
Redacción de Momento Espírita con informaciones obtenidas
del sitio sonoticiaboa. com.br, del 26 de marzo de 2015.
Traducido por el Grupo Momento Espírita de Colombia
El 4.8.2026