Momento Espírita
Curitiba, 06 de Agosto de 2026
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ícone La partitura de Dios

La brisa que acaricia el follaje trae consigo una melodía que no se desvanece con el paso del tiempo. Es la sinfonía de la vida, compuesta por notas alegres, pausas dramáticas, acordes tensos y, sobre todo, por una conmovedora capacidad de recomenzar.

Cuando contemplamos la jornada humana en la Tierra, muchas veces nos encontramos con el peso de los años como si fuera una carga inevitable, una invitación al aislamiento y a la inercia.

Sin embargo, el Creador, en Su infinita sabiduría, nos envía faros encarnados para demostrarnos que el Espíritu no envejece.

Recordamos a dos almas luminosas que decidieron hacer de sus existencias un himno de resistencia y belleza: João Carlos Martins e Issac Karabtchevsky.

Dos gigantes de la música, dos obreros del arte que transformaron el tiempo en un aliado de la trascendencia.

Isaac Karabtchevsky, en su novena década de existencia, levanta la batuta con la misma energía vibrante de su juventud.

Frente a la orquesta, sus gestos desafían las leyes de la materia. No solamente dirige a los músicos. Despierta sentimientos, conduce energías y demuestra que la mente, cuando se encuentra sintonizada con la belleza, mantiene vigoroso y útil el cuerpo físico.

A su lado, en la galería de los inmortales de la vida cotidiana, encontramos la trayectoria hercúlea de João Carlos Martins. Un hombre cuya biografía se confunde con el propio concepto de superación.

Octogenario, lleva en su cuerpo la huella de treinta y una cirugías. Treinta y una veces el cuerpo pidió tregua. Treinta y una veces el Espíritu dijo: Camina.

Privado del pleno movimiento de las manos que maravillaron al mundo al piano, no guardó silencio. Buscó en la tecnología de los guantes biónicos, en la dirección orquestal y en la fuerza del alma el camino para continuar tocando el corazón de las personas.

Él sintetiza su trayectoria con la convicción de quienes conocen las profundidades del dolor: La música vence y supera cualquier cosa.

Esa frase nos remite a las enseñanzas de los emisarios  celestiales cuando abordan, magistralmente, la ley del trabajo. Es por medio del trabajo que el Espíritu desarrolla su inteligencia, expía sus faltas y coopera con la obra del universo.

La vida de estos dos maestros nos muestra que el trabajo, cuando se realiza con denuedo y amor, inmortaliza y sana. João Carlos e Issac no trabajan por obligación. Trabajan por misión.

Ellos comprendieron que la actividad intelectual, artística y noble es el combustible que mantiene radiante la llama del Espíritu, reflejando salud y vitalidad en la vestidura carnal.

Superaron las limitaciones físicas, los dolores crónicos y los prejuicios de la edad con el escudo del trabajo incesante. Demostraron que no existe jubilación para el alma.

Mientras haya un soplo de vida, habrá una nota por afinar, un hermano que consolar por medio de la belleza de una melodía.

*

Si el dolor llama a nuestra puerta, si el peso de los años parece excesivo, recordemos estos ejemplos. Seamos también maestros de nuestras propias vidas, dirigiendo nuestras dificultades con la batuta de la fe y el compás del trabajo edificante.

Después de todo, en el concierto del universo, la partitura de Dios siempre prevé la victoria del Espíritu sobre la materia.

Redacción de Momento Espírita.
Traducido por el Grupo Momento Espírita de Colombia
El 5.8.2026

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