Cada veintiuno de marzo, veintiuno del tres, se celebra el Día Internacional del Síndrome de Down.
La fecha, que se escribe 21/3 o 3/21, hace referencia a una alteración genética del cromosoma 21 y fue adoptada por la Asamblea General de las Naciones Unidas.
Cada año, las asociaciones e instituciones vinculadas a esta causa trabajan en formas de concientización, maneras de llevar más conocimiento a las personas sobre lo que es el síndrome.
El objetivo mayor es incluir, evitar la discriminación, mostrando que una deficiencia no nos define. Somos mucho más que eso.
Curiosamente, ese trabajo necesita hacerse incluso con los propios padres, con aquellos que reciben en la familia a un Espíritu con tales características.
Una campaña reciente en España mostraba a una hermosa joven de treinta años de edad, expresándose con facilidad en una entrevista.
Al final del programa, el entrevistador le preguntó qué mensaje le gustaría dejar a las personas.
Con una sonrisa en los ojos y una emoción indescriptible, ella dijo:
Si hay alguna madre o algún padre escuchándome, me gustaría decirles que somos una buena noticia. No somos una mala noticia.
Especialmente a los padres que escuchan. Sé que es pesado, que es difícil, pero, por miedo, no huyan. No dejen de acompañar a sus hijos y a su esposa.
Porque tener un hijo, con discapacidad o no, siempre será una buena noticia.
Al final del relato, el entrevistador estaba llorando y ella también.
Ella confesó: Tengo un padre que no huyó, que no nos abandonó. Siempre estuvo junto a mi madre. Ahora tengo casi treinta años, dos hermanas espectaculares y somos una hermosa familia.
La narración es conmovedora. El hecho de que ella destacara al final la figura del padre no fue casualidad.
Investigaciones muestran que entre el sesenta y el setenta por ciento de los hombres abandonan a las madres de hijos con discapacidad.
Duro de escuchar, duro de entender. Pero es una realidad que necesita cambiar.
Como dijo tan bien aquella joven, todavía existe el miedo de no saber cómo lidiar con la situación, la frustración, la ignorancia y, en muchos casos, la cobardía, pues toda la responsabilidad permanece sobre la compañera.
Nos quedamos con su mensaje, tan lleno de esperanza, diciendo a todos esos padres: Somos una buena noticia.
Todo hijo es una buena noticia, no importa cómo llegue ni quién sea.
Toda oportunidad de reencarnación es una buena nueva, una nueva oportunidad, un nuevo plan. Y, cuando somos escogidos como padres, debemos sentirnos honrados, no impotentes.
Al principio, nos sentiremos inexpertos, frágiles y llenos de inseguridades, lo cual es bastante natural.
Tiempo al tiempo. Tengamos fe. Pidamos ayuda en la oración diaria y confiemos en que el Padre Mayor no nos abandona.
En el caso de los hijos con discapacidad, Él tiene plena conciencia de que necesitamos una atención especial en nuestra condición de padres y estará siempre presente.
En los momentos más angustiosos, recordemos a nuestro amigo Jesús, que nos extiende la mano siempre que es necesario:
Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os daré descanso.
Redacción de Momento Espírita
Traducido por el Grupo Momento Espírita de Colombia
El 6.8.2026