Momento Espírita
Curitiba, 06 de Agosto de 2026
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ícone No existe sufrimiento que nos impida ayudar

Un grupo de adolescentes, vinculado a determinada institución religiosa, realizaba, de vez en cuando, una campaña que llamaban Campaña del kilo.

Vivían en una ciudad del interior del estado y, en cada jornada, salían por las calles, llamando de puerta en puerta, solicitando alimentos para, posteriormente, atender a familias necesitadas de una determinada región del municipio.

Todos se sentían útiles y motivados, aportando su contribución a quienes tenían menos. Una excelente iniciativa, que busca formar hombres y mujeres con mayor responsabilidad social y sentido de fraternidad.

Después de dividirse, en lo que era un día más de servicio al bien, un pequeño grupo llegó frente a una casa y llamó a la puerta.

Tardaron en atender. Después del segundo o tercer intento, fueron recibidos por una señora de mediana edad, cabizbaja, casi sin fuerzas, con los ojos enrojecidos. Ojos de quien había llorado mucho.

Los jóvenes hicieron su solicitud, explicaron el motivo de la campaña, y la dueña de casa, sin hacer ninguna pregunta, les pidió que esperaran un momento.

Mientras aguardaban, apareció otra mujer, más joven, también con el rostro marcado por las lágrimas, pero visiblemente contrariada.

Preguntó qué hacían allí, precisamente en ese momento, y les pidió que se marcharan, sin siquiera escuchar las explicaciones de los muchachos y muchachas que estaban en la puerta.

Ellos no supieron muy bien qué hacer y permanecieron allí, esperando.

Uno de ellos incluso se atrevió a decir: Pero aquella señora nos pidió que la esperáramos aquí.

La mujer, enfurecida y sin paciencia, respondió:¡Este no es un buen momento! ¡Necesitamos respeto! ¡Ella acaba de perder a su esposo! ¡Acabamos de regresar del entierro de mi padre, es decir, del esposo de ella!

Los jóvenes quedaron atónitos y desconcertados. No esperaban encontrarse con una situación semejante.

Cuando ya se retiraban, en silencio, la señora apareció en la puerta con una gran bolsa de cinco kilos de azúcar.

No había dejado de escuchar el reproche de su hija a los adolescentes y, entonces, dirigiéndose a ella, le dijo:

Hija, no existe sufrimiento que nos impida ayudar a alguien.

Todos guardaron silencio... ¿Qué podía decirse en un momento como aquel?

La señora entregó su donación con las últimas fuerzas que le quedaban en aquel instante, y los adolescentes se marcharon.

*

Es uno de esos relatos que humedecen los ojos y llenan el corazón de esperanza.

¡Qué desprendimiento el de aquella noble alma! Precisamente en el momento en que más necesitaba ayuda y consuelo, todavía encontró espacio en su corazón para ayudar.

El intenso sufrimiento no le impidió pensar en quienes necesitaban alimento y amparo material.

Esa es una de las características del buen sufrir. No nos encierra en una prisión de dolor y egoísmo. Quien sabe sufrir consigue, incluso, considerar y comprender con mayor facilidad el dolor ajeno.

No piensa que su dolor es el único ni el mayor del mundo. Existen otros dolores y otras almas que necesitan auxilio.

Reflexionemos profundamente sobre esta lección:

No existe sufrimiento que nos impida ayudar a alguien...

Pensemos en ello...Pensemos ahora.

Redacción de Momento Espírita.
Traducido por el Grupo Momento Espírita de Colombia
El 4.8.2026

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