Momento Espírita
Curitiba, 13 de Agosto de 2026
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A los catorce años, la agenda de Andressa estaba llena. De lunes a domingo tenía compromisos asumidos, de manera voluntaria, con las personas de su comunidad.

Los domingos trabajaba en un programa de radio, hablando al público sobre el Evangelio de Jesús y contando historias infantiles.

Los demás días de la semana estudiaba por las mañanas y, por las tardes, se dedicaba a la ayuda humanitaria, llevando alegría y esperanza a muchas personas.

Los lunes realizaba un trabajo misionero en la comunidad religiosa a la que pertenecía.

Los martes visitaba un asilo. En compañía de los ancianos, cantaba, oraba, jugaba y conversaba con ellos, aliviando su soledad.

Era pura alegría. Su presencia transformaba el ambiente apenas llegaba. Por eso, siempre era esperada.

Organizó en su casa una cooperativa cuyo objetivo era ayudar a las personas de su barrio a aumentar sus ingresos mensuales.

Participaban en ese proyecto familias de escasos recursos, que así tenían la oportunidad de aprender diferentes tipos de trabajos manuales.

Los viernes coordinaba un grupo de oración infantil, mediante el cual enseñaba la importancia y el alcance de la oración.

Mostraba cuánto podemos beneficiarnos todos de las buenas vibraciones provenientes de quien ora con amor y fe en Dios.

Y las oraciones se extendían a todos aquellos que necesitaban recuperar la salud, encontrar paz para el corazón o armonía en sus hogares.

Era tan dedicada al prójimo que, en cierta ocasión, con el propósito de colaborar en una actividad para jóvenes de escasos recursos, pidió a su madre que utilizara el dinero que había sido ahorrado para celebrar su fiesta de quince años.

Estudiaba, jugaba y disfrutaba de su familia como cualquier otra joven de su edad, pero era consciente de que, de las veinticuatro horas del día, era importante dedicar una parte a realizar un trabajo voluntario.

Tuvo la oportunidad de afirmar:  Si no hacemos ahora el trabajo al que Jesús nos invita, tal vez mañana ya no haya tiempo.

Y ya no hubo más tiempo...

El día veintidós de marzo de 2008, en la ciudad de Pelotas, en el estado de Río Grande del Sur, el automóvil en el que viajaba chocó contra un camión.

Ella desencarnó junto con su abuela, su tía y su prima.

En el poco tiempo que vivió, hizo mucho.

Hizo todo lo que podía.

Con una sonrisa enmarcando constantemente su rostro, vivió su vida ayudando al prójimo, demostrando la inmensa grandeza que albergaba en su corazón.

Desde muy temprana edad, a los nueve años, comenzó su labor en el mundo, dispuesta al servicio en favor de los demás.

Y, entregándose a sí misma, mostró que el mundo que debemos construir es el del amor y la caridad.

Que el ejemplo de esta dulce niña nos lleve a reflexionar un poco más sobre lo que hacemos cada día. Que podamos mejorar nuestra capacidad de ser útiles a la sociedad.

Meditemos sobre cuál ha sido nuestro grado de utilidad y no dejemos para mañana la oportunidad de transformar el mundo en que vivimos.

Puede que ya no haya tiempo...

Redacción de Momento Espírita, con base en datos
 biográficos de Andressa Barragana, disponibles en Internet.
Traducido por el Grupo Momento Espírita de Colombia
El 29.7.2026

 

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