Momento Espírita
Curitiba, 17 de Agosto de 2022
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ícone Cocinando nuestras alubias

Cuenta la leyenda que un monje, muy sabio y anciano, se dispuso a encontrar un sustituto para la administración de la comunidad a la que servía.

Eran muchos sus pupilos, pero al convivir con ellos estaba claro que no todos poseían las condiciones necesarias para ocupar el cargo.

Sin embargo, dos rostros se destacaron en su mente, por parecerle los más preparados.

Como solamente uno podría sustituirle, él decidió lanzar un desafío que pusiera en jaque la capacidad de ambos y mostrara el más apto para sucederlo.

Así que convocó a los dos monjes y les dio a cada uno algunos granos de alubias, que deberían ser colocados dentro de sus zapatos, a la hora de hacer la prueba.

El desafío consistiría en escalar una gran montaña, usando los zapatos con los granos de alubias dentro.

Cuando llegaron el día y la hora señalados, comenzó la prueba.

Justo en los primeros metros, uno de los candidatos comenzó a cojear. No fue más allá de la mitad de la subida.

Su rostro estaba marcado por el dolor. Se detuvo y se quitó los zapatos. Las ampollas en sus pies eran enormes y sangraban.

Se sentó al borde del camino, reconociendo que no tendría condiciones para proseguir.

Para su sorpresa, se dio cuenta que el otro competidor había desaparecido de la vista, caminando ligero, montaña arriba.

Cuando la prueba terminó, todos se reunieron para aplaudir al ganador.

Más tarde, después de ponerse vendajes en los propios pies, el perdedor se acercó al victorioso y le preguntó cómo había conseguido hacer todo el recorrido con los granos en los zapatos.

¡Ah! - aclaró - es que antes de ponerlos en mis zapatos, los cociné.

*   *   *

Nos enfrentamos a muchos desafíos a lo largo de nuestra vida.

En general, nos apresuramos a resolverlos lo antes posible. Casi siempre nos olvidamos de buscar, antes, una forma de suavizar nuestras rudas dificultades.

Por más difícil que sea la prueba que nos presente la vida, en ciertos momentos podremos encontrar una manera de, al menos, amenizar la situación.

Quizás lo único que necesitamos es la voluntad de hablar con alguien que nos ayude a ver una solución para un hecho que nos parece imposible de resolver.

En ciertas situaciones, muchas veces, bastará un gesto, algunas palabras que retraten nuestro deseo de encontrar una salida, con sabiduría y humildad.

A veces, tendremos que ponernos en el lugar del otro, para entender mejor su problemática, lo que nos llevará a percibir cuánto, nosotros también, necesitamos aún ablandarnos interiormente.

Los desafíos son inevitables, pero siempre podremos utilizar nuestra inteligencia, nuestra creatividad, en la búsqueda de soluciones.

Si no resolvemos las situaciones difíciles que nos envuelven, llevaremos nuestros problemas hacia donde vayamos.

Son precisamente nuestro orgullo, nuestro egoísmo o nuestra vanidad los que nos ponen vigas en los ojos, impidiéndonos ver lo que puede ser una solución.

Esos monstruos nos persiguen porque los alimentamos. Problemas, todos los tenemos. Más grandes, más pequeños.

Somos nosotros los que determinamos si ellos nos dominan o nosotros les ganamos.

Recordemos que, a veces, sólo hay que cocinar las alubias.

Redacción del Momento Espírita, con
narración de leyenda de conocimiento oral.
El 3.7.2022.

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