Momento Espírita
Curitiba, 15 de Outubro de 2021
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ícone Retornos anunciados

Cuando Mary soñó por primera vez, quedó impresionada. Había soñado con una niña de cabello rizado, piel muy blanca, que debía tener unos seis o siete años.

Ella no recordaba exactamente lo que habían conversado, pero tuvo la clara impresión, al despertar, que la niña vino a anunciar que iba a nacer en su casa.

La familia se rió, considerando la imposibilidad orgánica de una gestación, a aquellas alturas de su vida.

Las semanas, con sus compromisos y tareas, pasaron y el hecho cayó en el olvido.

Sin embargo, el sueño se repitió, revestido de mayor intensidad. Mary sintió la real posibilidad de una hija venir a componer su universo familiar.

Finalmente, cuando se repitió por tercera vez, ella dijo al marido que adoptarían un niño.

Pero los quehaceres de lo cotidiano hicieron que el asunto cayera en el olvido. Hasta el día en que la hija reveló su embarazo, fruto de la relación con el novio.

Algo no pensado, no idealizado. Había sucedido.

Mientras Laura lo informaba todo, Mary concluyó: Así es como la niña del sueño volvería a su hogar.

La niñita pronto fue revelando actitudes impresionantes. En especial, una fuerte conexión con la abuela.

Una relación, al mismo tiempo de afecto y cierta desconfianza. Pequeñita, bastaba ser acogida en el regazo de la abuela para calmar el llanto, la inquietud.

Sin embargo, en la medida en que los meses se fueron sucediendo, la niña fue demostrando algo semejante a una relación de amor y discreta pena.

En la relación con la abuela, muestra actitudes algo inusuales.

Cuando llega de la escuela, entra en el apartamento llamándola, si la percibe ausente. Sin embargo, en los momentos en que están juntas, simplemente la ignora.

Una y otra vez, la abuela se atreve y le pregunta: ¿Entonces, eres mi amiga?

La pequeñita la mira, seria, como si la indagación la hiciera sumergirse en algo profundo y marcado. Y dice, categórica, volteando el rostro para el lado: No.

Y, ante la invitación a ser amigas, ella insiste: No.

* * *

No estamos juntos por primera vez. Las familias se forman por el afecto, por los compromisos o desafíos que juntos debemos enfrentar.

Por eso, las relaciones son mezcladas por manifestaciones efusivas de amor, a veces de una cierta indiferencia o desconfianza.

Todo está relacionado con las vivencias pasadas, a los momentos en que juntos realizamos cosas grandiosas o actos no muy dignos.

Regresamos para rehacer el camino, reanudar viejos amores o arreglar algunas cuestiones.

Bendito retorno. Bendita reencarnación. Situación muchas veces anunciada por aquel que está preparándose para regresar.

Y, aún en temprana edad, no es raro demostrar con todas las letras, a quien ama o a quien no ama, con quien tiene ajustes pendientes.

Son esos pequeños los que llegan a nuestros hogares, por las vías de la propia materno/paternidad, por la adopción ponderada y efectiva o por vías indirectas.

De alguna manera, ellos aportan a nuestras vidas.

Son esos niños, llenos de gracia, que nos arrebatan el corazón, llamándonos abuelo, abuela, mamá, papá o madrina.

¡Hijos de Dios! Hijos de nuestra alma.

 Redacción del Momento Espírita,
basado en hecho narrado por Mary Ishiyama.
El 7.7.2021.

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