Momento Espírita
Curitiba, 21 de Abril de 2021
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ícone Benditos maestros

¿Quién no ha temblado durante una prueba? ¿Quién no ha tenido un momento en el que todo parece desaparecer de la mente y las respuestas simplemente no llegan a la memoria?

¿Quién no se ha encontrado mirando las preguntas a responder y todo aquello parece inédito, como si jamás hubiera tenido contacto con aquella materia?

Día de examen. Muchos de nosotros tenemos dificultades en esos momentos. Algunos porque no estudiamos. Algunos debido a nuestro sistema emocional.

Otros porque no entendemos la asignatura y entonces las preguntas nos parecen imposibles de ser contestadas.

Por eso, posiblemente, aquella adolescente, sin esperanzas de sacar una buena nota, escribió al pie de la página del examen:

Profesor, soy una decepción en matemáticas. Por eso, no se asuste con mi cero. Pero, deme al menos un punto.

Al recibir de retorno la prueba corregida, la alumna se sorprendió.

Jorge, el profesor, había reformulado una de sus frases, escribiéndola con bolígrafo rojo: No soy una decepción en matemáticas.

Añadiendo: ¿Puede ayudarme a entender mejor?

Finalmente, él mismo respondió: ¡Por supuesto!

La actitud del maestro viralizó en Internet, motivando comentarios de todo tipo.

Algunos describieron sus propias experiencias negativas en las pruebas escolares.

Hubo quienes afirmaron que, si hubieran tenido un maestro de esos quilates, seguramente habrían entendido la materia. Y hasta les habría gustado.

E incluso, hubo quien se manifestase diciendo: Por eso estudio para ser maestro. Cada vez que veo a un maestro con esa actitud, estoy seguro de mi vocación.

Hubo quien relatase cómo su maestra la había calmado durante una prueba, corrigiéndola después, en conjunto y ensenándole cómo resolver cada una de las cuestiones propuestas.

Tales profesores marcan una gran diferencia en las escuelas y, sobre todo, en la vida de sus alumnos.

Cuando cometemos errores y alguien nos muestra el equívoco, es una lección que ya no olvidamos.

Eso es mucho mejor que simplemente obtener una mala calificación, tener las respuestas tachadas fuertemente en rojo, señalando nuestra ignorancia o incluso la poca comprensión sobre aquello.

Quien tuvo un buen maestro en su carrera escolar no lo olvida.

Aquel maestro que se dispuso a permanecer un poco más después de la clase, para explicar detalladamente lo que no entendimos.

Aquel que nos atendió, extramuros de la escuela, en distintos momentos, aclarando nuestras dudas.

Aquel otro que nos indicó una bibliografía adecuada, señaló errores, sugirió ajustes en piezas escritas, en obras cuya calidad dejaba mucho que desear.

Aquel maestro que incluso se dio cuenta de nuestro poco interés de estudiar la asignatura que impartía y nos llamó aparte, demostrando el valor de aquel conocimiento en nuestro futuro.

Después de todo, cuántas veces, en medio de tantas informaciones, nos preguntamos: ¿Para qué necesito saber eso? ¿Cuándo usaré eso en mi vida?

Maestro, un ser especial. Él posee el conocimiento que aún no hemos conquistado, la experiencia que aún no hemos tenido.

Y debe estar lleno de amor para repasar todo eso, entre una dosis de paciencia y otra de buena voluntad.

¡Dios bendiga a los maestros que nos instruyeron, abriendo claros en nuestras mentes!

Redacción del Momento Espírita, basado
en un hecho recogido de Internet.
El 22.3.2021.

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