Momento Espírita
Curitiba, 21 de Abril de 2021
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ícone Es Dios...

Se cuenta que un loco llegó a la plaza y gritó: Dios ha muerto. Ahora, las catedrales serán Sus mausoleos.

Algunos se asombraron de lo que él decía. Era realmente un loco. Otros, de inmediato, concordaron, asintiendo con la cabeza. Otros, aun, se atrevieron a manifestarse: ¿Y dónde está la novedad?

Un niño, que pasaba por la plaza, sin embargo, se mostró extremadamente preocupado.

¿Dios murió? Y ahora, ¿quién va a alimentar a los peces y a los pájaros? ¿Quién va a encender las estrellas?

*   *   *

Un estudio realizado en 2013 indicó que muchos científicos creían en Dios, según el concepto más común y usual.

Repitiendo, exactamente, una famosa investigación realizada en 1916, Edward Larson, de la Universidad de Georgia, constató que la profundidad de la fe religiosa entre los científicos no ha disminuido, a pesar de los avances científicos y tecnológicos.

Tanto en el siglo XX como en el XXI, alrededor del cuarenta por ciento de los biólogos, físicos y matemáticos que participaron en la encuesta dijeron creer en un Dios que, según la estricta definición del cuestionario, se comunica con la Humanidad y a quien se puede orar en la expectativa de recibir una respuesta.

Albert Einstein decía que, sin Dios, el Universo no es explicable satisfactoriamente.

Para él, Dios era la Ley y el Legislador del Universo. Y afirmó: Cuando abro la puerta de un nuevo descubrimiento encuentro a Dios adentro.

El científico francés André-Marie Ampère, fundador de la electrodinámica, escribió una obra titulada Pruebas históricas de la Divinidad del cristianismo.

El inglés Isaac Newton, más reconocido como físico y matemático y que también fue astrónomo, alquimista, filósofo natural y teólogo, fue considerado el científico que mayor impacto tuvo en la Historia de la ciencia.

Para él, la función de la ciencia era descubrir leyes universales y enunciarlas de forma precisa y racional.

Esa sumidad científica creía que la maravillosa disposición y armonía del Universo sólo puede haber tenido origen según el plan de un Ser que todo lo sabe y todo lo puede.

Y afirmaba: Este es mi último y más alto descubrimiento.

Puedo tomar mi telescopio y ver millones de kilómetros de distancia en el espacio. Pero, también puedo dejar mi telescopio a un lado, ir a mi habitación, cerrar la puerta y, en ferviente oración, ver más del cielo y acercarme más a Dios que cuando estoy equipado con todos los telescopios e instrumentos del mundo.

Para las grandes inteligencias, la existencia de Dios es palpable. Atestiguada por Sus efectos, como aprendimos: Todo efecto tiene una causa. Todo efecto inteligente tiene una causa inteligente.

El niño tenía razón al preguntar quién cuidaría de los peces y de los pájaros si no hubiera Dios.

Y diríamos más: ¿quién comandaría el concierto de los mundos, que viajan por el espacio infinito, a gran velocidad?

¿Quién pondría plumaje en las aves y proveería el rocío de las mañanas?

¿Quién haría brillar el sol, la luna y las estrellas? ¿Quién establecería la ruta precisa de los cometas?

¿Quién pintaría el arco iris y pondría terciopelo en los pétalos de las flores?

Y para toda cuestión, podríamos oír el coro de los vientos y de las ramas de los sauces: es Dios... es Dios... es Dios.

Redacción del Momento Espírita.
El 1º.3.2021.

 

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