Momento Espírita
Curitiba, 24 de Janeiro de 2021
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ícone Nuestra vida religiosa

Es común confundir nuestra vida religiosa con otros sentimientos conocidos en el mundo.

Pocos de nosotros nos damos cuenta de que religión, del latín religare, significa religar.

Es decir, religar el alma humana con el Creador.

Creados por el amor de Dios, nacimos conectados a Él por un cordón umbilical simbólico.

Colocados en el derrotero de la evolución, sirviéndonos de nuestro libre albedrío, tenemos la necesidad de desarrollar nuestro progreso.

Cometiendo errores aquí y allá, vamos distanciándonos del Padre Creador.

Nuestro destino es retornar a Él conscientes, maduros, como un hijo que sale de su casa para estudiar en una universidad y regresa capacitado, para colaborar en el hogar con su familia.

De esta manera, empezamos a darnos cuenta de la importancia de nuestra vida religiosa. La religión no es lo que decimos, la religión es lo que hacemos.

Nuestra vida religiosa es una realidad interna del ser. Es una verdad que sucede dentro de nuestra alma.

La exteriorizamos de diferentes formas.

Cuando, como padres dedicados, hacemos lo mejor en el trabajo de reeducar a nuestros hijos; cuando invertimos, con firmeza, recursos amorosos para conducirlos a cabo bien, estamos realizando actos religiosos.

Cuando, como médicos, nos dedicamos al paciente, realmente nos interesamos por él y no por cuánto nos paga; cuando estamos dispuestos a hacer cumplir el juramento de Hipócrates, de salvar vidas, recibamos pago o no, con eso estamos realizando un acto religioso.

Cada vez que, en el momento del enfado, del alboroto, tenemos una palabra tranquilizadora, una palabra de armonía, es un gesto religioso.

Lo mismo ocurre cuando le enviamos un buen pensamiento a alguien, deseándole que sea feliz, que tenga éxito, que consiga el trabajo.

Si trabajamos con honestidad, con el deseo de que la comunidad en la que vivimos se beneficie de lo que sabemos hacer; si nos comprometemos con una tarea voluntaria, dispuestos a colaborar, a servir; si optamos por un trabajo de orientación a las personas, guiando sociedades, ayudándolas, como administradores, como políticos de buena índole; si ponemos nuestras vidas a disposición de la Divinidad, esos son gestos religiosos.

La verdadera religión es importante precisamente porque nos hace cambiar.

Esta es la mejor religión, la que convierte a los seres en hombres de bien, amantes de la paz, del servicio al prójimo.

Jesús señaló que la boca habla de lo que está lleno el corazón, de lo que está llena el alma.

Esto nos dice, sin duda, que es muy importante que la religión sea un gesto, un acto, una acción, mucho más que palabras.

Religarnos a Dios es, por lo tanto, lograr, en los caminos que seguimos aquí en la Tierra, todo lo que sea importante para que tengamos una vida más bella, más clara; y llevar con nosotros a nuestros seres queridos, nuestros dependientes afectivos.

Con una vida religiosa robusta y esclarecida, poco a poco seremos capaces de seguir el camino que nos lleva a la verdad por la vida, porque fue Jesús quien dijo que nadie llegaría al Padre sino por Él, presentándose como el Camino, la Verdad y la Vida.

 Redacción del Momento Espírita, basado en el cap. 16,
del libro
Vida e Valores, organizado y escrito por Maria
Helena Marcon, desde el programa de televisión del

mismo nombre, de Raul Teixeira, ed. FEP.
El 9.12.2020.

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