Momento Espírita
Curitiba, 21 de Outubro de 2020
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ícone Renacer con las mañanas

Cuando Jesús le habló al doctor de la ley, Nicodemo, sobre nacer de nuevo, no estaba hablando sólo acerca de las nuevas existencias materiales.

Es necesario renacer del agua y del Espíritu - dijo el Maestro, poético.

El agua representa el elemento material. Los antiguos tenían la creencia de que toda la vida había surgido de las aguas. Por lo tanto, el agua representa nuestro elemento material, los renacimientos en nuevos cuerpos físicos.

Sin embargo, Él habló también de renacer del Espíritu y, con eso, abrió nuevos horizontes a los ya amplios conocimientos de aquel jefe de los judíos.

Jesús habló de renovarse a sí mismo. No es suficiente volver al escenario terrestre innumerables veces. Es necesario modificarse, esculpir el alma, mejorarse.

Y para eso, el Creador nos ofrece grandiosas oportunidades y mensajes muy claros.

Veamos algunos ejemplos: cada vez que reencarnamos, regresamos como si fuera nuestra primera vida, con esta frescura de renovación, con nuevas oportunidades, olvidando el pasado, ganando un nuevo ropaje carnal.

Llegamos aquí como bebés, desprotegidos, inspirando amor, atención, teniendo que reaprender tantas cosas que ya sabíamos antes. Todo en nombre de ese proyecto de renovación.

Recibimos antiguos amores como miembros de la familia, pero también desafectos, en perfecto secreto, para que podamos adaptarnos a esa nueva formación familiar e intentar vivir en armonía.

También está la propuesta de los ciclos.

La existencia y la naturaleza están llenas de ciclos para que podamos, de vez en cuando, evaluar, empezar de nuevo y renovar.

Cuando termina cada año, hacemos un balance de lo que sucedió, de lo que hicimos y planeamos, y de lo que deseamos ser. Establecemos metas y las perseguimos. Cada año somos nuevos yos, buscando gradualmente la perfección.

También están los ciclos de nuestros años de vida en el planeta. Nuestros llamados cumpleaños.

Cada nuevo año completo aquí es también un momento de introspección, de reflexión profunda, de autoconocimiento: ¿Quién soy yo? ¿Qué hago aquí? ¿Qué he construido ya? ¿Qué falta? ¿Qué viene más adelante? ¿Cuánto tiempo aún me queda?

Cerramos un capítulo del libro, abrimos otro.

Tenemos vidas dentro de la misma vida. Infancia, adolescencia, juventud, vida conyugal, hijos, madurez, tercera y, por qué no, hasta la cuarta edad.

¡Hay personas que están renaciendo a los sesenta, setenta años! Dándose una nueva oportunidad para vivir, aprender, amar. Después de todo, ¡nunca es demasiado tarde!

Finalmente, dentro de los ciclos, aún está el de cada día.

De esta forma, podemos renacer con las mañanas, considerando cada amanecer como una nueva oportunidad que nos da el Creador para reinventarnos, para volver a hacerlo, para hacerlo bien.

   *    *   *

Agradezcamos por el regalo de la nueva mañana, de la nueva vida dentro de la vida y sigamos adelante.

La existencia se compone de renacimientos. El renacimiento es ley del Universo.

Hay que renacer con las mañanas. Hay que renacer con los años. Es necesario renacer del agua y del Espíritu para alcanzar la plenitud que tanto deseamos.

Redacción del Momento Espírita.
El 28.9.2020.

 

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