Momento Espírita
Curitiba, 24 de Setembro de 2020
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ícone El Cuidado de Dios

Él vivía muy bien con su esposa e hijos. La vida le sonreía y se sentía realizado profesionalmente.

Entonces, un cáncer agresivo se manifestó y comenzó su martirio: cirugías, quimioterapia y radioterapia. Una trayectoria de dolores, anhelos y sufrimientos.

También un tiempo de aprendizaje, desarrollo del autoconocimiento, paciencia y humildad.

Siempre había sentido un fuerte apoyo de la Espiritualidad aunque, en tiempos más recientes, carecía de la debida armonía interior para percibir realmente ese apoyo espiritual.

En recuperación de la novena cirugía, que le había retirado un nódulo del cuello, Fabio estaba solo en casa. La esposa había llevado a sus hijos a jugar en el parque, para disfrutar del día soleado y del cielo despejado.

Él sintió ganas de tomar el tereré, una bebida de origen paraguayo, un tipo de mate con agua fría. Desde algunas semanas antes de la cirugía, él había tenido que abstenerse de ella.

Se dirigió hacia la cocina y comenzó la preparación. Fue entonces cuando se dio cuenta de que no tenía limón.

Paciencia, se dijo a sí mismo.

Sin embargo, se permitió quedarse un poco más triste. Después de todo, sin limón, el tereré no tendría el mismo sabor.

Después de unos minutos, escuchó dos golpes débiles en la puerta del apartamento.

Con cuidado, porque todavía estaba con puntos en el lugar de la cirugía, fue a atender.

Para su sorpresa, vio al hijo de tres años de la vecina del mismo piso.

Vine a traerte este limón. - Dijo el pequeño.

Y, antes que Fabio pudiera entender lo que estaba sucediendo, apareció la madre del niño, disculpándose por las molestias.

No sé qué pasó, dijo ella. Él estaba viendo la televisión, de repente se levantó, tomó de un limón de la nevera, abrió la puerta del apartamento y salió corriendo.

Fabio se agachó, tomó el limón, agradeció y le dio un abrazo al niño.

Volvió a la cocina y terminó de preparar su bebida con limón. Las lágrimas comenzaron a fluir de sus ojos.

Estaba tan apenado de sí mismo, tan triste. Como si estuviera solo en el mundo, ante el cuadro de una larga convalecencia.

Pero Dios le había dado un mensaje. Lo estaba mirando. Y se valió de un niño para decirle eso. Un niño que había traído lo que él necesitaba para sentirse un poco mejor.

* * *

Dios y la Espiritualidad, ciertamente, no están a nuestra disposición para hacernos favores.

Ni siquiera para proporcionarnos los artículos que necesitamos.

Sin embargo, todos los días nos ofrecen una demostración de cuidado para tranquilizarnos y mostrarnos que están con nosotros.

Pequeñas cosas, pequeños detalles. No obstante, es característico de la grandeza no olvidar las cosas minúsculas, casi insignificantes, que se hacen muy importantes para nuestras vidas.

Según las exhortaciones evangélicas, incluso los pelos de nuestra cabeza están contados y ninguno de ellos se pierde sin que el Padre lo sepa.

Nada nos ocurre sin el conocimiento divino. Sin el conocimiento de ese Dios que viste la hierba del campo, la que no teje ni hila; que proporciona alimento para las aves, las que no siembran, ni cosechan o recogen en graneros.

Ese Padre amoroso y bueno vela por cada uno de nosotros, Sus hijos, cada día, todos los días.

No nos olvidemos de ese detalle.

 Redacción del Momento Espírita, basado en
hecho que ocurrió al
Dr. Fabio Renan Durand.
El 31.8.2020.

 

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