Momento Espírita
Curitiba, 06 de Agosto de 2020
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ícone Partida y llegada

Cuando observamos, desde la playa, un velero alejarse de la costa, navegando hacia el mar, impulsado por la brisa de la mañana, estamos ante un espectáculo de rara belleza.

El barco, impulsado por la fuerza de los vientos, gana el mar azul y nos parece cada vez más pequeño.

No tarda mucho y solo podemos contemplar un pequeño punto blanco en la línea remota e indecisa, donde el mar y el cielo se encuentran.

Cualquiera que vea desaparecer el velero en el horizonte, seguramente exclamará: ya se ha ido.

¿Habrá desaparecido? ¿Se habrá evaporado?

No, ciertamente. Solo lo hemos perdido de vista.

El barco sigue siendo del mismo tamaño y con la misma capacidad que tenía cuando estaba cerca de nosotros.

Sigue siendo capaz, tal como antes, de llevar las cargas recibidas al puerto de destino.

El velero no se ha evaporado, simplemente ya no podemos verlo. Pero sigue siendo el mismo.

Y tal vez, en el momento exacto en que alguien dice: ya se ha ido, habrá otras voces, más allá, afirmando: allá viene el velero.

Así es la muerte.

Cuando el velero parte, llevando la preciosa carga de un amor que nos ha sido muy querido y lo vemos desaparecer en la línea que separa lo visible de lo invisible, decimos: ya se ha ido.

¿Habrá desaparecido? ¿Se habrá evaporado?

No, ciertamente. Solo lo hemos perdido de vista.

El ser que amamos sigue siendo el mismo. Su capacidad mental no se perdió. Sus logros permanecen intactos, como cuando estaba a nuestro lado.

Conserva el mismo afecto que tenía por nosotros. Nada se pierde, excepto el cuerpo físico que ya no es necesario en el otro lado.

Y así es que, en el mismo momento que decimos: ya se ha ido, en el Más Allá alguien dirá feliz: ya está llegando.

Llegó a su destino, llevándose consigo las adquisiciones realizadas durante el viaje terrenal.

La vida nunca se interrumpe ni ofrece cambios espectaculares, porque la naturaleza no da saltos.

Cada uno lleva su carga de vicios y virtudes, de afectos y desafectos, hasta que decida descartar lo que considere innecesario.

La vida es hecha de partidas y llegadas. De idas y venidas.

Por lo tanto, lo que parezca la partida para algunos, para otros es la llegada.

 Un día partimos desde el mundo espiritual hacia el mundo físico; en otro, partimos de aquí hacia el espiritual, en un constante ir y venir, como viajeros de la Inmortalidad que somos todos nosotros.

* * *

Victor Hugo, poeta y novelista francés, que vivió en el siglo XIX, habló de la vida y de la muerte diciendo:

Cada vez que morimos, ganamos más vida. Las almas se trasladan de una esfera a otra, sin pérdida de personalidad, volviéndose cada vez más brillantes.

Soy un alma. Sé bien que entregaré a la tumba lo que no soy.

Cuando baje a la tumba, podré decir, como tantos: mi jornada laboral ha terminado. Pero no puedo decir: mi vida ha terminado.

Mi día de trabajo empezará de nuevo a la mañana siguiente.

La tumba no es un callejón sin salida, es un pasaje. Se cierra al anochecer y el amanecer viene a abrirlo nuevamente.

Redacción del Momento Espírita, con pensamientos
finales de
Victor Marie Hugo, del libro A reencarnação
através dos séculos, de Nair Lacerda, ed. Pensamento.
El 21.5.2020.

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