Momento Espírita
Curitiba, 07 de Dezembro de 2019
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ícone Como un bumerán

Es posible que ya hayas escuchado sobre el bumerán, ese objeto de lanzamiento, cuyo origen no se sabe con certeza, considerando que se han encontrado diversos tipos en varias partes del planeta, en diferentes continentes.

Algunas notas señalan que el bumerán más antiguo conocido, fue encontrado en Polonia en 1987. Habría sido construido a partir de un colmillo de mamut hace más de veinte mil años.

En términos generales, asociamos el bumerán con Australia, un país que se hizo famoso en el mundo como el país del bumerán.

Los aborígenes australianos lo usaron tanto para las actividades recreativas como para las actividades diarias.

Con él cortaban carne y verduras, cavaban la tierra en busca de raíces comestibles o golpeaban la superficie del agua mientras pescaban.

También lo usaban para cazar pájaros, aprovechando la bandada, con la expectativa de golpear a uno de ellos.

Sin embargo, lo que llama la atención en esa pieza de madera arqueada es que, después de describir una curva, vuelve a las manos del lanzador.

Eso nos lleva a algunas reflexiones sobre las acciones en nuestras vidas. Todo lo que pensamos y hablamos se proyecta en el mundo y hace una trayectoria.

Nuestros pensamientos crean una atmósfera, saludable o no, correspondiente a sus cualidades, buenas o malas.

Nuestras palabras llegan a las personas, alteran el curso de vidas, benefician o perjudican instituciones.

¿Cuántas veces una frase, un abrazo, una sonrisa, alteran el pensamiento, la decisión de otra persona?

Un programa de radio, una película, un libro. Un pensamiento leído en el portal de alguna biblioteca o museo. Todo influye y altera vidas.

En una ley admirable, que llamamos de causa y efecto o acción y reacción, lo que proyectamos regresa a nosotros. Algo similar a la acción del bumerán, porque vuelve a nuestra propia economía, beneficiándonos o perjudicándonos.

Exactamente en la misma medida de lo que pensamos, hablamos, actuamos.

En su tiempo, el Maestro Jesús ya enseñó: a cada uno se le dará según sus obras.

Mientras a veces ofrecemos beneficios a aquellos que no se esfuerzan, que no hacen nada para merecerlos, simplemente por una cuestión de simpatía, amistad o interés, la Ley Divina no se equivoca.

Y le da a cada uno exactamente lo que merece, lo que construyó. Por eso, cuando decimos que estamos mejor de lo que merecemos, cometemos un error.

Estamos afirmando que Dios está equivocado. Eso, porque cada uno de nosotros vive en el clima que construimos para nosotros mismos.

Cada uno de nosotros recibe para su vida lo que piensa, lo que desea para los demás.

No podría ser de otra manera. ¿Cómo se podría pensar en alguien que, perezoso, levantara una casucha mal hecha de tablas, pudiera desear habitar en un palacio?

¿Cómo se puede imaginar que aquellos que siembran flores no puedan, más adelante, beneficiarse de los colores y el aroma de su bendita siembra?

Bumerán, ley de causa y efecto, ley del mérito. A cada uno según sus obras.

No importa cómo concebir la cuestión. Lo que debemos tener en mente es lo importante que es pensar en el bien, actuar en el bien, desear el bien a todos.

Todo esto por nuestro propio bien, nuestra alegría, nuestro consuelo espiritual.

Pensemos en eso.

Redacción del Momento Espírita.
El 18.11.2019.

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