Momento Espírita
Curitiba, 07 de Dezembro de 2019
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ícone El poder transformador

Hay una provincia encantadora en la región de Puglia, en Italia, llamada Alberobello.

El nombre deriva de Sylva Arboris Belli, que significa selva de los árboles de guerra.

Bien situada geográficamente entre los mares Adriático y Jónico, en lo alto de una colina, desde la antigüedad mereció la codicia de los conquistadores de diversos orígenes.

Las casas trulli, que significa cúpula, despiertan la atención. Son casas blancas y cilíndricas, construidas con piedras superpuestas.

El techo está formado por una cúpula, también de piedra, donde a menudo se pintan símbolos.

Las trulli solo existen en esa región, al norte de Puglia, pero en ninguna parte la concentración es tan grande como en Alberobello.

Por esa razón, la UNESCO las considera Patrimonio de la Humanidad desde 1996.

La provincia tiene una rica historia de glorias y sacrificios siendo, en la actualidad, una gran productora de aceite de oliva.

Su suelo de piedra caliza da vida a doce millones de olivos, algunos de los cuales son considerados los más antiguos del mundo.

En el pasado, esa región era fondo marino y, gracias a los cambios naturales que ocurrieron en el planeta, apareció el suelo cubierto de piedra caliza.

Devastada por conquistadores audaces, sus agricultores tuvieron el trabajo de romper la corteza terrestre hasta encontrar un suelo adecuado para la siembra y la vida.

Ese gigantesco trabajo, que requirió un gran esfuerzo y persistencia, dio como resultado esa abundante producción de aceite de oliva para casi todo el país y el extranjero.

*   *   *

Al visitar esa región productora, que atrae constantemente a cientos de turistas, pensamos en lo que el ser humano es capaz de hacer.

Su poder transformador decide conquistar el suelo y lo hace, venciendo la roca, buscando la tierra fértil para la producción abundante.

En estos días difíciles que vivimos en nuestro país y en el mundo, tocaría a cada uno de nosotros usar ese poder extraordinario.

Ante las piedras de las dificultades que se presentan, podemos activar nuestros esfuerzos para superarlas, ya sean las de carácter particular o las de toda la comunidad.

Si nos unimos, seremos aún más fuertes y podremos transformarnos en una fuerza impulsora del progreso, convirtiendo los desiertos en jardines.

Verdaderamente, piedras en panes, en granos, en comida sana.

Nuestra palabra, nuestras actitudes, pueden incentivar a las almas indiferentes o agitadas en tormentos, para cambiar su derrotero.

Nuestras acciones servirán de ejemplo a quienes nos observan que, estimulados por ellas, se unirán a nuestros esfuerzos para resolver problemas serios que angustian a muchos.

Juntos podremos erradicar la ignorancia, atenuar el hambre y arropar a los que sufren en la intemperie.

Con un esfuerzo continuo, encontraremos el bendito suelo del amor para plantar la felicidad y la paz.

Conscientes de nuestra capacidad, haremos que nuestra existencia terrenal sea digna, actuando positivamente.

La tierra infeliz, aún cubierta de piedras e inutilidad, recibirá la acción beneficiosa de nuestra actuación.

Hagámoslo. Pongamos nuestras manos en acción, corazón y cerebro en el bien.

Pensemos en eso.

Redacción del Momento Espírita, basada en el artículo
Alberobello, por Divaldo Pereira Franco, publicado
en el periódico
A Tarde, columna Opinión, el 13.7.2017.
El 12.8.2019.

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