Momento Espírita
Curitiba, 18 de Novembro de 2019
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ícone Los días vividos

De forma convencional, el calendario nos muestra la posibilidad de trescientos sesenta y cinco días anuales.

Incluso antes de que el año empiece señalamos, habitualmente, los festivos, escogemos el período de nuestras vacaciones profesionales, los viajes que deseamos realizar, los cursos que pretendemos hacer.

En fin, idealizamos lo que queremos alcanzar en este período.

Trascurrido el periodo de tiempo, de un modo general, hacemos una evaluación, constatando lo que logramos o no realizar.

A veces, lamentamos no haber tenido éxito en todo lo que queríamos, o por haber terminado el año sin empleo, o por haber perdido físicamente a alguien que amábamos mucho.

O tal vez por la enfermedad que nos llegó, maltratando el cuerpo o el alma o ambos.

No es raro lamentarnos de algo que hicimos pero, especialmente, de algo que dejamos de hacer.

Si quien estaba a nuestro lado partió al Más Allá, habitualmente nos hallamos lamentándonos por no haber conversado más, no haber dedicado más horas de paseo a su lado, no haber salido más veces juntos, simplemente para andar, mirar la puesta de sol, coger flores.

Mentalmente, es común que enviemos mensajes a esos amores que se encuentran al otro lado de la vida.

Y no es raro que consideremos que deberíamos haber dicho muchas veces: ¡Te amo! ¡Eres importante para mí!

En este balance, también podemos darnos cuenta de que los días volaron, simplemente se fueron, como hojas llevadas por el viento, sin que los hayamos verdaderamente vivido.

Al final, hemos trabajado tanto, hemos corrido tanto, hemos hecho tantas cosas. ¿Algo ha valido realmente la pena?

¿Qué nos ha servido como crecimiento personal? ¿Cuántos libros hemos leído en estos doce meses? ¿Cuántas veces nos hemos detenido a mirar el cielo, descubriendo la cara redonda de la luna brillar entre las estrellas?

¿Cuántas veces hemos andado por las plazas y nos hemos interesado  en parar un poco y observar el viento despeinando los árboles?

¿Cuántas veces, ante un delicado aroma que nos llegó, nos hemos permitido descubrir de dónde venía y hemos cerrado los ojos para guardar en la memoria aquel momento que jamás se repetiría, con la misma intensidad?

¿Cuántas veces, ante la comida, hemos admirado los colores esparcidos en el plato y hemos decidido comer, muy despacio, verdaderamente saboreando cada porción?

¿Cuántas veces nos hemos sentado al lado del hijo pequeño observándole jugar, en su fantasía? ¿O hemos visto con él por segunda, tercera, décima vez el mismo dibujo animado, sintiendo verdadero placer al oír sus risas, su encantamiento con los personajes?

Y entonces, si sumamos todas las horas en que hemos realizado algo que nos hizo crecer, que nos alegró, que constituyó una verdadera experiencia para ser guardada en la mente y en el corazón, ¿cuántos días, de verdad, habremos vivido?

El total de esta suma nos dirá si nuestro año fue regular, bueno, optimo, excelente. Si en realidad lo vivimos o solamente fuimos pasandolas horas, multiplicando las semanas…

Si descubrimos que fueron muy pocos los días vividos, empecemos hoy, a cambiar nuestra forma de ser.

Empecemos a vivir intensamente cada minuto, cada hora. Porque vivir es una experiencia inigualable y ningún minuto vuelve, ninguna escena se repite de igual manera.

Pensemos en eso.

Redacción del Momento Espírita.
El 25.7.2019.

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