Momento Espírita
Curitiba, 17 de Junho de 2019
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ícone La gente necesita de gente

La señora llegó a la consulta sola. Con sus siete décadas de vida, era totalmente independiente.

Sin embargo, a pesar del aparente vigor físico, el rostro se mostraba marchito, como una flor que había perdido la frescura de las mañanas.

Empezada la consulta, tras la descripción de los pequeños males que la incomodaban, el médico decidió ahondar más.

¿Por qué esa mirada tan apagada, como si los días ya no tuvieran brillo?

Por eso, de forma sutil, fue preguntando a la paciente, con el fin de que le dijera cómo trascurrían sus días, cómo era su vida.

Ella le dijo que era viuda. El marido se había ido hacía algunos años. Ella vivía sola. Había tenido cinco hijos.

Todos habían cursado la universidad y ejercían sus profesiones con carreras exitosas.

Cuatro de ellos se habían casado y tenían hijos. La más joven, sin embargo, nolo había hecho.

Se había preocupado en atender sus sueños académicos y, al perseguirlos, había dejado de lado al matrimonio. Vivía en un pequeño apartamento y tenía, para hacerle compañía, un perro.

Se entendía muy bien con él, que le esperaba en la puerta todas las noches, vigilante.

Era el momento en el que ella se relajaba, le servía la comida y hablaba con él, como si lo hiciera a un niño.

Aquello hasta le parecía raro, decía la señora. Pero entonces, con lágrimas en los ojos, confidenció:

Voy a decirle algo, doctor. Tengo nietos de todos los hijos casados. Suelo visitarles los fines de semana,losfestivos, en los momentos en que sé que están en casa.

Cuando llego, voy anunciando: “¡La abuela ha llegado! Hola niños.”

Ninguno de ellos viene a mi encuentro. Si están delante de la tele, no paran de ver lo que sea, para decirme hola.

Si están con los ojos en el celular, siguen digitando, pasando mensajes, leyendo lo que alguien distante les ha enviado.

Es como si yo no existiera. Y siempre es así. Duele en el alma, doctor. Ninguna sonrisa, ningún abrazo, aunque me quede mucho tiempo en sus casas.

No dejan elcelular, no se alejan de la tele.

Ahora, le digo lo siguiente: cuando voy a la casa de mi hija, basta que ponga los pies dentro del apartamento y el perro corre hacia mí.

Salta, brinca de alegría, envuelve mis piernas con sus patas como si fuera un abrazo.

Me siento a la mesa para el café, el té, una charla con mi niña. El perro se tumba a mis pies y se queda allí.

A veces, él roza sus patas en mí, como diciendo: “Hola, estoy aquí”.

Pues eso, doctor, hasta parece que el perro es mi único nieto. ¿Puede creerlo?

*   *   *

Todos deseamos ser amados. Todos necesitamos de cariño, de atención.

Cuando el dolor lacere nuestra alma, cuando nos sintamos solos, cuando deseemos ardientemente que alguien nos abrace, no importarán los millones de amigos que tengamos en nuestro Facebook, los que nos sigan en elTwitter.

O los centenares de mensajes, fotos y vídeos que nos lleguen diariamente por el Whatsapp.

Nada de eso sustituye una mirada con amor, una caricia con ternura, un abrazo cálido.

Por eso, sirvámonos de lo que la tecnología nos propicia, pero no nos olvidemos de que somos gente. Y la gente necesita de gente cerca, de calor humano, de cariño.

Pensemos en eso.

Redacción del Momento Espírita,
con base en un hecho.
Le 24.5.2019.

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