Momento Espírita
Curitiba, 19 de Setembro de 2019
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ícone Ellos hicieron la diferencia

La vida es un gran patrimonio. Los que nos encontramos en la Tierra en este momento, no siempre nos damos cuenta qué afortunados somos por vivir.

Cuando los problemas se agrandan, cuando el cansancio llega, una casi desistencia de la vida parece susurrarnos al oído.

Sin embargo, todos los que hemos nacido somos personas afortunadas. Afortunadas porque alguien nos aceptó y nos permitió venir al mundo.

Todos tenemos el derecho de nacer, pero no todos tenemos esta oportunidad.

Ni siquiera podemos imaginarnos cuántas vidas, todos los días, en todo el mundo, son impedidas de concretarse.

Entonces, cuando aplaudimos a una estrella de fútbol, de la música, de la danza, de la tecnología, alguien que ha hecho o hace la diferencia en el mundo, ¿podemos imaginarnos cómo sería el mundo si ellos no hubiesen nacido?

¿Podemos imaginar nuestra vida sin un Mac, un iPhone, un iPad?

Así es. Si Joanne Schieble, a los veintidós años, hubiese desistido de llevar a término la gestación, la tecnología no sería como la conocemos hoy.

Universitaria, ella quedó embarazada del novio, también universitario. Su padre, sin embargo, no permitió el matrimonio por ser él de ascendencia siria.

Joanne habría podido abortar en aquella circunstancia. Sin embargo, optó por tener al niño y darlo en adopción.

¿Habrá ella imaginado hasta dónde llegaría su hijo? ¿Cómo vencería en la vida?

Un hijo que no fue solamente el creador de la Apple y del estudio de animación Pixar, sino también ejemplificó la tenacidad, la perseverancia, superando sus dramas personales.

Rechazado en una primera adopción, por ser del sexo masculino, Steve Jobs fue adoptado por un matrimonio de origen humilde.

Sufrió con la pobreza. Frecuentaba, una vez a la semana, determinado culto religioso a cambio de una comida.

Recogía botellas vacías de Coca-Cola para los depósitos, con el fin de comprar comida. No tenía habitación en la Residencia Universitaria. Por eso, dormía en el suelo de la habitación de sus amigos.

Ya adulto, enfrentó un cáncer devastador, en una victoria dramática que le dio una sobrevida aún más aplaudida por sus admiradores.

En un discurso a los graduados de Stanford en 2005, afirmó:

Nadie quiere morir. Incluso las personas que desean llegar al paraíso no quieren morir para estar allá.

A pesar de esto, la muerte es el destino de todos nosotros. Nunca nadie ha escapado. Y así debe ser, porque la muerte es, probablemente, la mayor invención de la vida.

Es el agente de transformación de la vida. Ella elimina a los antiguos y abre camino a los nuevos.

Él partió en 2011. Un hombre que hizo la diferencia en el mundo.

Un mundo que también sería diferente sin la voz de Celine Dion, la cantante canadiense.

Cuando su madre quedó embarazada, ya tenía trece hijos y pensó en no tener a este decimocuarto niño.

Sin embargo, un sacerdote, digno pastor de almas, le aconsejó llevar a término el embarazo.

Gracias a esto, el mundo se extasía con la voz de la cantante que, inicialmente, interpretaba canciones solamente en su idioma patrio, el francés.

Para alcanzar a las plateas internacionales, aprendió inglés, conquistando la admiración del mundo.

Jobs y Celine Dion son testigos de la vida. Ellos han podido cantar, sentir, amar, triunfar porque alguien les ha permitido venir a la luz.

¿Quién puede imaginarlo que vendrá a ser este embrión, este feto que solo se esboza en el vientre materno? ¿Un gran estadista? ¿Un cantante? ¿Un poeta? ¿Un científico?

Solamente Dios lo sabe…

Redacción del Momento Espírita, con base
en datos biográficos de Steve Jobs y Celine Dion.
El 6.5.2019.

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