Momento Espírita
Curitiba, 21 de Maio de 2019
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ícone La mujer más venerada

Una de las más bellas descripciones de la interferencia de los Mensajeros Celestiales, sea tal vez la conocida como la Anunciación.

Según el Evangelista Lucas, al entrar el ángel donde estaba la joven María, dijo: Salve, llena de gracia. El Señor está contigo.

Y le dice que ella concebirá y dará a luz un hijo, que se llamará Jesús.

Predice que Él será grande y será llamado Hijo del Altísimo y que su reino no tendrá fin.

María establece con él un diálogo, disipando sus dudas respecto a cómo todo eso habría de suceder. Al final, ella era conocedora de las profecías respecto del Mesías.

De entre los cuatro Evangelistas, solamente Lucas, el redactor del tercer Evangelio, describe detalles no encontrados en los demás.

Eso porque, siguiendo las orientaciones y los deseos de Pablo de Tarso, su Evangelio fue escrito a partir de muchas entrevistas con los que vivieron y convivieron con Jesús.

Naturalmente, María, Su madre, fue la primera entrevistada. Justamente por esta razón, es que solamente él destaca su canto de gratitud y alabanza al Señor de la Vida, el Magníficat:

Proclama mi alma la grandeza del Señor, y se alegra mi espíritu en Dios, mi Salvador, porque ha puesto Sus ojos en la humildad de Su sierva.

Yentendiendo exactamente el alcance de la misión que le competía, y del Ser a quien ella ofrecería un cuerpo, completa:

Por esto, desde ahora, todas las generaciones me llamarán bienaventurada.

Que extraordinario alcance de visión de esta mujer.

Estaba absolutamente en lo cierto. Desde los tiempos apostólicos, tras la muerte del Hijo, residiendo con Juan, el Evangelista, en Éfeso, ella pasaría a ser buscada por muchos.

Eran personas que deseaban apaciguar la nostalgia del que se había ido, oyendo los relatos de quien con Él había convivido tantos años, Le había abrigado, alimentado, sustentado.

Otros solo deseaban besarle las manos, llamándole Madre Santísima.

De todas las grandes mujeres, seguramente ninguna fue y es tan exaltada en su papel de madre como María de Nazaret.

Las canciones se multiplican en el mundo llamándola Bienaventurada, Santa Madre.

¡Cuántas alabanzas se elevan a esta mujer, que se empequeñeció en la grandeza de su misión!

¡Cuántas miles de voces ya no se han unido para alabarla como la bendita de entre todas las mujeres, año tras año, en celebraciones en los grandes teatros, en templos o en espectáculos al aire libre!

Son tenores, sopranos, coros, voces infantiles, juveniles.

¡Cuántos poetas le han dedicado versos, tejiéndole poemas! Cuántos pintores la han retratado, idealizando la gruta en la que buscó abrigo, en Belén; su viaje a Egipto; las alegrías celestes de tener el Hijo en sus brazos, viéndole crecer en la calidez doméstica.

Su propio dolor, al recibir al Hijo muerto, retirado de la cruz, fue inmortalizado en grabados, cuadros.  Y en el mármol, en la más perfecta idealización de Miguel Ángel.

Los siglos se suman, pero la Madre de Jesús, que se tornó madre de toda la Humanidad, sigue siendo enaltecida.

La Bienaventurada. La más extraordinaria de las madres. Madre
de todas las madres. Nuestra madre, María de Nazaret.
Redacción  del Momento Espírita, con transcripción  del
Evangelio de Lucas, cap. 1, versículos 46 a 48.
Le 26.2.2019.

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