Momento Espírita
Curitiba, 21 de Março de 2019
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ícone Música para el alma

Se llama Jorge Bergero. Es un violoncelista de la orquesta del Teatro Colón, en Buenos Aires.

Sin embargo, seguramente su más importante papel y la más extraordinaria lección que ofrece al mundo, es la que realiza como presidente de la Asociación Civil Música para el Alma.

Iniciada en Argentina, con solo diez músicos, hoy cuenta con más de dos mil quinientos y ha traspasado las fronteras del país.

Ya ha alcanzado Uruguay, Bolivia, Chile, Perú, Paraguay, Ecuador, Italia, Francia e Israel.

El propósito es tocar música clásica en hospitales y residencias de ancianos. El objetivo es llevar la música al que está lejos de ella y alegrar a todos.

Asistir a los videos que muestran a estos artistas presentándose en habitaciones y pasillos de hospitales, es emocionante.

Pacientes recluidos en el lecho, casi sin ninguna movilidad, elevan los brazos y acompañan el ritmo de las músicas, como si fueran auténticos maestros.

Algunos intentan acompañar a los tenores y sopranos, en la ejecución de los fragmentos de óperas.

El proyecto fue inspirado en la novia de Jorge, María Eugenia Rubio, una increíble flautista y, según él, muy bonita.

Bonita de cuerpo y alma. Una sonrisa maravillosa.

En 2008, ella fue diagnosticada de un cáncer de mama y, en la medida en que la enfermedad avanzaba, se hacía cada vez más difícil para ella continuar con la ejecución de su instrumento.

Internada para tratamiento, Jorge y sus amigos resolvieron llevarle la música, así como a los demás pacientes del hospital.

Nacía allí el proyecto Música para el Alma. Y descubrieron qué bien hacía aquello. Creaba momentos mágicos, inigualables para los internados. Algunos recordaban momentos felices de sus vidas.

Y los músicos, al concluir la presentación, sintiéndose inmensamente felices, se preguntaban: ¿Cuándo será nuestro próximo concierto?

En diciembre de 2011, Eugenia partió. En nombre de su amor hacia ella y hacia la música, que Jorge califica como el propio oxígeno para su vida, ha continuado con el proyecto y además lo ha ampliado.

Hoy, se realizan alrededor de setenta a ochenta conciertos al año.

Y lo que es grandioso es ver honrado de esta forma el recuerdo de un gran amor, fuente inspiradora del trabajo inicial.

Mientras muchos de nosotros, ante la muerte de un ser querido, nos aislamos e incluso desistimos de vivir, el músico argentino sigue sonriendo y haciendo sonreír a los demás.

En nombre del amor. De un gran amor, que él multiplica con sus acciones.

¡Qué grandes beneficios esparce!, además de, con su ejemplo, haber atraído a tantos otros músicos igualmente idealistas.

Profesionales que, regularmente, dejan los escenarios, los trajes de gala, para mezclarse con el pueblo sufrido, y ofrecerles lo mejor de sí: la ejecución de piezas clásicas con sus instrumentos musicales, o las modulaciones impecables de sus voces.

*     *    *

En medio de tantos dolores, situaciones complejas que envuelven a las naciones, mientras muchos discuten estrategias militares, políticas y gubernamentales, personas simples esparcen sus semillas de alegría y amor.

Personas como tú y yo, personas que desean abrazar al prójimo y lo hacen con lo mejor de sí mismas.

Pensemos en eso: ¿Qué podemos hacer para volver mejor la vida de alguien?

Redacción del Momento Espírita.
Le 6.12.2018

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