Momento Espírita
Curitiba, 12 de Dezembro de 2018
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ícone La conquista del mundo

En el año 1995, se estrenó en Brasil la serie animada americana de televisión: Pinky y Cerebro.

Fueron casi ochenta episodios que hicieron la alegría de los niños y de los adultos aficionados a los dibujos animados, durante tres años.

Los personajes eran dos típicos ratones blancos de laboratorio, que utilizaban exactamente este espacio como base para sus planes ambiciosos de dominar el mundo.

Cada episodio era caracterizado, al inicio y al final, por la indagación de Pinky, el ratón más alto y flaco, completamente infantil: Cerebro, ¿qué quieres hacer esta noche?

Y Cerebro, el ratón bajito y con una enorme cabeza, evidenciando inteligencia, respondía: Lo mismo que hacemos todas las noches Pinky… ¡Intentar conquistar el mundo!

Naturalmente, sus planes eran frustrados cada noche, por interferencia de terceros o por equívocos del propio Pinky.

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El mundo ha conocido muchos conquistadores. Algunos dominaron extensos territorios, durante un largo periodo. Algunos que, para la concreción de sus conquistas, utilizaron la crueldad y la frialdad, ensangrentando sus manos.

Fueron tantos los que sacrificaron los afectos, las amistades, la salud mental con el fin de alcanzar sus objetivos.

La Historia nos muestra, entretanto, que esas conquistas siempre tuvieron una duración limitada.

Imperios desaparecieron, cabezas coronadas fueron sustituidas, el poder trasferido de uno para otro, por maquinaciones arbitrarias o por luchas por la justicia y la libertad. 

Existe, sin embargo, una conquista del mundo que todos deberíamos emprender. Una conquista que, alcanzada, es de carácter definitivo: la conquista del mundo… interior.

Esta exige un gran emprendimiento, al que deben asociarse el autoconocimiento, el esfuerzo, la perseverancia, la voluntad.

El autoconocimiento requiere un examen profundo de nosotros mismos, o sea, pasar revista a nuestras acciones, verificando si no faltamos al cumplimiento de algún deber, si nadie tiene alguna queja respecto a nosotros.

Un examen de consciencia diario, en el momento de recogerse para el descanso, se hace de importancia capital.

Indagarnos a nosotros mismos si en este día que termina hicimos algo que hirió a alguien, física o emocionalmente; si practicamos alguna acción que merece censura; si faltamos a la verdad en provecho propio; si desperdiciamos el tiempo; si hicimos, en fin, algo contra nuestro prójimo.

 Las respuestas nos indicarán exactamente lo que ya hemos mejorado en nosotros. Y en qué todavía necesitamos insistir para nuestro mejoramiento, accionando nuestra voluntad.

El emprendimiento debe ir en el sentido de identificar y eliminar nuestras malas tendencias, como el que arranca las hierbas dañinas del jardín.

Buscar saber lo que piensan de nosotros aquellos que no nos tienen simpatía, nos ayudará mucho, pues considerando que no tienen interés en disfrazar la verdad, nos dirán cómo realmente somos.

Autoexamen, indagaciones a nuestra propia consciencia sobre qué hacemos y cómo lo hacemos, nos darán la dimensión del bien o del mal que todavía existe en nosotros.

Esto nos ayudará en el conocimiento de nosotros mismos, que es la clave para el mejoramiento individual, o sea, para la conquista de nuestro mundo interior.

Por lo tanto, iniciemos hoy, mientras las horas aún nos sonríen, esta importante conquista.

Redacción del Momento Espírita.
Le 13.11.2018.

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