Momento Espírita
Curitiba, 15 de Novembro de 2018
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ícone Nuevos samaritanos

El que usó de misericordia con él.

Así termina una de las más importantes lecciones del Evangelio de Jesús, cuando el Maestro hace comprender al doctor de la ley lo que significa tornarse el prójimo de alguien.

En el instante en que el samaritano se dispone a cambiar la rutina de su día para ayudar a un completo desconocido, él se vuelve el prójimo de aquel hombre, y esa es la esencia del amor al prójimo.

No hacer juicios. Dejar de pensar solo en sí mismo. Tornarse útil al otro y al mundo.

Misericordia es poner el corazón en la miseria del otro.

*   *  *

El mundo nunca ha necesitado tanto de nuevos samaritanos como en este momento.

¿Quién se candidatea? ¿Quién es capaz de interrumpir su marcha y ayudar a un completo desconocido?

¿De importarse con personas que no le van a agradecer, que no van a retribuirle, hacerlo solo por el sentido de obligación moral?

¿De soportar, quien sabe, hasta una ingratitud, de esconderse en el anonimato, de ser visto como políticamente correcto – blanco de burlas? ¿Quién va a hacerlo?

Se reclutan nuevos samaritanos. No todos tienen que tener denarios para donar, solo tiempo para cuidar, atención para ofrecer, afecto para calmar.

Se reclutan nuevos samaritanos. Algunos con la habilidad de verter aceite y vino sobre las heridas del alma, a través de palabras de optimismo, a través de oídos atentos o incluso de un abrazo apretado.

Necesitamos nuevos samaritanos, que no les importe el color, la raza o la religión.

Que traten al hombre como Espíritu, que sopla donde quiere, que hoy está en el Occidente y mañana en el Oriente; que hoy viste piel de un color y que mañana podrá ser de otro; que hoy llame al padre Alá y mañana lo llame solo Padre – ¿qué importa?

Felizmente, muchos atendieron la invitación. No los vemos vanagloriándose por ahí, pues son discretos. No los vemos como foco de las noticias pues, lamentablemente, todavía cultivamos la desgracia y el pesimismo en los medios de comunicación.

Pero ellos trabajan sembrando el amor, la fraternidad, la unión.

No son de esta o de aquella religión, son de todas. No son de este país o de aquel otro, son de todos. No son profesionales de esta o de aquella especialidad, son de todas.

Anónimos, que dedican un poco de su tiempo a amparar a los caídos, que no cuestionan el porqué de la caída, que no juzgan, que no hacen preguntas – solo amparan.

A veces, pensamos demasiado. Intelectualizamos demasiado los problemas sociales, psicológicos, étnicos y religiosos. Y es muy difícil que salgan de las ideas a las obras, a la acción.

El samaritano de la parábola solo actuó, atendiendo a la emergencia, y de su boca no salieron grandes reflexiones o enseñanzas. La única frase que Jesús coloca en los labios de este personaje inolvidable es: Cuida muy bien de este hombre, y todo lo que gastes de más, yo te lo pagaré cuando regrese.

Y esto es lo que más desean en el mundo aquellos que están con un sufrimiento profundo y necesitan de amparo: alguien al que le importe y se vuelque a ellos.

¿Quieres ser un nuevo samaritano?

Redacción del Momento Espírita.
Le 23.10.2018.

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