Momento Espírita
Curitiba, 20 de Setembro de 2018
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ícone ¿Cuándo Jesús fue más grande?

No se sabe bien cuándo Jesús fue más grande. Si al nacer en Belén sobre las pajas de un pesebre, iniciando con esto Su incomparable ejemplificación de la humildad;

o cuando en el templo, aún en la infancia, discutía con los doctores, confundiéndoles.

No se sabe bien cuándo Jesús fue más grande. Si al enseñar: Ama a tus enemigos, bendice a los que te maldicen; haz el bien a los que te odian, y ora por los que te maltratan y persiguen;

o cuando recomienda que, al dar una limosna, cuidemos de que nuestra mano izquierda no sepa lo que hizo la derecha.

Tal vez fue al decir que, para orar, debemos entrar en nuestra habitación y, cerrando la puerta, dirigirnos a nuestro Padre que está oculto, pues Él, que ve secretamente, nos recompensará;

o cuando nos previene con respecto a los falsos profetas, que vienen vestidos como ovejas, pero interiormente son lobos voraces.

No se sabe bien cuándo Jesús fue más grande. Si al alertarnos de que no deberíamos juzgar, para que no seamos juzgados;

o cuando indicaba sensatamente la amplitud de este concepto, mencionando que no estábamos impedidos de juzgar de acuerdo con la recta justicia.

Si pronunciando cosas que tendrían lugar veinte siglos después: El hermano entregará a la muerte al hermano, y el padre al hijo; y los hijos se levantarán contra los padres;

o cuando profetizaba: No vine a traer la paz, sino la lucha, la división, la espada.

Esto porque Él conocía la Humanidad y, por lo tanto, sabía de antemano que Su doctrina, por las distintas interpretaciones que los hombres le darían, sería dividida en mil partes, con luchas, incomprensiones y persecuciones.

Tal vez fue al decir a Sus discípulos que saliesen y enseñasen la verdad, curasen a los enfermos, dando de gracia lo que de gracia recibiesen;

o cuando remarcaba que no eran los sanos que necesitaban de médicos, sino los enfermos.

Si al decir, en maravillosa síntesis: Yo soy el camino, la verdad, la vida; nadie va al Padre sino por mí;

o cuando, interpelado por Nicodemo, subraya: Aquél que no nazca de nuevo, no podrá ver el reino de Dios.

No se sabe bien cuándo Jesús fue más grande.

Si en el famoso episodio de la pecadora: Mujer, ¿dónde están tus acusadores? ¿Nadie te ha condenado? Tampoco Yo te condeno. Ahora vete, y no peques más;

o cuando, delante del sumo sacerdote y de los que Le acusaban, respondió con el silencio y la serenidad de los inocentes y de los justos.

Si al recomendar a los discípulos que fuesen por el mundo a predicar el Evangelio a toda criatura, en Su nombre, hablando nuevas lenguas;

o al erigir el maravilloso monumento que es el Sermón de la Montaña, en el cual trazaba para la Humanidad de todos los tiempos el más auténtico y bello código de conducta.

No sabemos, sinceramente, cuándo Jesús fue más grande.

Sabemos que, pasados casi dos mil años, todavía nos arrastramos en la Tierra, en un aprendizaje sin fin de Su doctrina.

¿Hasta cuándo continuaremos como aprendices? ¿Cuándo nos dispondremos a practicarla?

¿Cuándo la excelsa doctrina pasará de nuestro cerebro a nuestro corazón?, ¿de la teoría a la práctica?

Pensemos en eso. Y dispongámonos a la acción.

Redacción del Momento Espírita, a partir del artículo
Quando Jesus teria sido maior, de Lauro Schleder,
del
Jornal Mundo Espírita, de Julio/2000, ed FEP.
En 21.8.2018.

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