Momento Espírita
Curitiba, 18 de Dezembro de 2018
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ícone Días de desafíos

¿Quién de nosotros no desearía que la existencia trascurriera a semejanza de un río calmo, donde la barca de nuestra vida navegara por aguas tranquilas y serenas?

Todos tenemos el deseo de que, en la vida, los embates no surjan, las dificultades no se presenten y los dolores no ocupen espacio en nuestro caminar.

Sin embargo, vivir es mucho más que ver el pasar de los días, o esperar la vejez llegar, y la muerte cerrar la vida del cuerpo físico.

Tenemos el desafío, cada vez que nacemos, cada vez que nos vestimos de carne, de hacer nuevos aprendizajes.

Este es el propósito de la Divinidad para con nosotros: que el cuerpo físico sea la posibilidad de progreso para el alma.

Por lo tanto, seguramente habrá días más amargos en nuestro viaje.

Ocurrirán fases en las que el peso sobre nuestros hombros aumentará, y los problemas se presentarán más complejos.

Pasaremos por días tumultuosos, en los que seremos probados en nuestros valores, nuestra perseverancia, nuestra fe.

Surgirán situaciones de gran importancia, exigiendo que desarrollemos capacidades morales de las que antes no disponíamos o que ni siquiera imaginábamos tener.

Habrá situaciones en las que la prueba se mostrará con más rudeza, en las que enfrentaremos nuestros límites morales, en las que bordearemos el extremo de nuestra capacidad.

Sin embargo, nada de esto ocurrirá sin la plena anuencia de la Divinidad. Ninguna, sin el pleno conocimiento de la Providencia Divina.

Dios tiene total conocimiento de todo lo que nos sucede.

Nada de lo que nos ocurre es inútil o desprovisto de alguna razón, aunque por el momento no consigamos entender el propósito.

Contrariando el dicho popular, podemos decir que Dios escribe derecho en renglones rectos.

Somos nosotros los que, algunas veces, siendo miopes, no conseguimos ver el amor y la sabiduría de Sus designios.

Por lo tanto, si los días se muestran desafiantes, allí está la bondad de Dios ofreciéndonos el aprendizaje.

Para algunos, el desafío es hacer frente al retorno del ser amado a la patria espiritual, dejando el rastro de la añoranza y una inmensa ausencia.

Para otros, es el dolor, la enfermedad, las deformidades, las limitaciones físicas que llegan inesperadamente, provocando desequilibrio en sus días.

Para muchos, es la familia que se desarticula, por la inconstancia de unos, disparate de otros, desestructurando relaciones de alegría y fraternidad.

*  *  *

Así es nuestro viaje. Hecho de desafíos y lecciones.

Cuando estos nos llegan, en la forma de dolor o de añoranza, de enfermedad o de una carencia cualquiera, es siempre la invitación para aprender.

Vistámonos de coraje y fe. Enfrentemos lo que nos llegue con la serenidad de los que entienden los desafíos como necesarios para el crecimiento moral.

Y no nos olvidemos de que tendremos siempre a Jesús, el Buen Pastor, para ampararnos a todos, cansados y agobiados, en Su regazo amoroso.

*  *  *

Los desafíos existenciales forman parte de la vida. Sin ellos, el hombre sería destruido por la parálisis de la voluntad, de los miembros, de las aspiraciones, que se trasformarían en enfermiza aceptación de los niveles inferiores delas etapas de la evolución.

Enriquecerse con la luz del discernimiento elevado, es la finalidad esencial de la vida.

Redacción del Momento Espírita, con pensamientos finales del
cap. 11, del libro Vida: desafíos y soluciones, por el Espíritu
Joanna de Ângelis, psicografía de Divaldo Pereira Franco, ed LEAL.
En 30.5.2018.

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