Momento Espírita
Curitiba, 17 de Julho de 2018
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ícone Árboles destrozados

La tormenta violenta atravesó el árbol, destrozándolo, y prosiguió rugiendo, en desorden.

El árbol herido, entretanto, seguro de sí mismo a través de la savia, respondió al golpe violento derramando aceite perfumado por el corte y, en breve, reverdecido, se multiplicó en flores y frutos.

Era la respuesta pacífica de la naturaleza al rigor de la desesperación de las fuerzas desgobernadas…

*   *   *

¡Cuántas veces somos destrozados por las tempestades diarias!

Ellas llegan, muchas veces, sin avisar. No nos da tiempo ni de observarlas aproximándose en el horizonte.

Inundan nuestras raíces, se llevan las hojas más frágiles y nos cortan, hiriéndonos profundamente.

Las tormentas forman parte de este mundo, así como los días de sol, alternándose de manera irregular, tal como el clima interno del corazón de los hombres.

Entretanto, la naturaleza, que siempre nos trae ricas lecciones, nos presenta una propuesta dignificante.

El árbol, que está seguro de sí mismo, a través de su savia derrama perfume por el corte y se revitaliza en breve tiempo.

El alma que está segura de sí misma, segura de sus destinos futuros, segura del amparo del Padre y segura de que las tormentas son necesarias, presenta en su interior una savia poderosa, rica, que la alimenta en abundancia.

Por lo tanto, sabe recuperarse siempre que es necesario, aunque esté ofendida y maltratada.

Y su respuesta a las agresiones del mundo es la otra mejilla, la mejilla de la paz del espíritu.

*    *   *

No permitamos que las fuerzas desgobernadas del planeta en guerra nos hagan pequeños, a través de la infelicidad que nos ocasionan.

El árbol sigue creciendo tras soportar la tormenta y crece más fuerte, más resistente.

Mantengamos las ramas dirigidas hacia lo alto, así como lo hace la araucaria, recibiendo el auxilio del Creador siempre que es necesario.

Tengamos confianza en nuestro destino futuro: la felicidad. Y trabajemos, incansablemente, para alcanzarlo.

Si percibimos que las cosas se escapan de nuestro control, acordémonos de que, en realidad, muchas cosas están más allá de nuestra comprensión actual. No podemos controlarlo todo.

Aceptémoslo. Pero no con una actitud derrotista y paralizante.

Aceptemos comprendiendo, aceptemos trabajando, con fe y con la esperanza de que todo pasa.

Cuando seamos el blanco de las locuras del globo en transición, respondamos con el perfume de la comprensión, de la calma, de la paciencia.

Si vivimos tiempos de lucha constante, es señal de que un gran cambio se aproxima. Observemos, aprendamos, entendamos lo que las adversidades quieren decir, en intensos clamores, a nuestro corazón aprendiz.

Lo que hace a un árbol majestuoso y fuerte, no son los días de sol de que disfruta, sino los días de viento y lluvia que desafían su capacidad de mantenerse en pie.

Flores y frutos llegan cuando menos se los espera. Nadie sabe el momento exacto de la cosecha, excepto el gran Sembrador, que es nuestro Padre Mayor.

Recordemos que Él está al mando de todo.

Redacción del Momento Espírita, con transcripción del
cap.
Junho, ítem 27, del libro Poemas de paz, del Espíritu
Simbá, psicografía de Divaldo Pereira Franco, ed. LEAL.
En 3.5.2018.

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