Momento Espírita
Curitiba, 18 de Janeiro de 2018
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ícone Los buenos mueren temprano

Cuando muere alguien, cuya reputación es de bondad y desprendimiento, se oyen muchos lamentos.

A frases como: ¡Qué lástima, era tan bueno!, se suman otras del tipo: Los buenos se van primero. Dios desea a los buenos para sí. Los malos se quedan por aquí mismo.

Si un vecino al que estimamos muere, exclamamos: ¿Por qué él? Antes debería haber sido Fulano, que es tan perverso.

 Cuando una persona a la que conceptuamos malvada, incluso cruel, escapa de un peligro, de un atentado, de inmediato decimos: i fuera un hombre de bien habría muerto.

Reflexionemos respecto de nuestras reacciones. ¿Será posible que Dios se equivoque en Sus deliberaciones?

¿Será verdad que los buenos mueren antes, permaneciendo los malos en su escalada de desatinos?

Basta una breve observación y luego descubrimos que esto no es real. Si así fuera, admitámoslo, el mundo estaría mucho peor.

Además, todos los días mueren personas jóvenes, que se dejaron llevar por las drogas o se volvieron cómplices de la imprudencia, desapareciendo en accidentes diversos.

¿Cuántas veces no hemos oído las noticias de la muerte de astros y estrellas, en el auge de la juventud, de la madurez y de la fama?

A su lado mueren, todos los días, seres anónimos, buenos y malos.

Estudiosos, dedicados, protectores de la familia o simplemente personas que no han contribuido en nada para la felicidad de quien sea, sino para la infelicidad. En verdad, exceptuando los casos de suicidio directo o indirecto, nadie muere antes del tiempo programado.

Aquél que parte concluyó su tarea, mientras que el que permanece, a veces, acaba de empezarla.

Es coherente que el primero se libere y el segundo prosiga en la carne.

Si un prisionero ha cumplido toda su pena, es justo que pueda gozar de la libertad.

Y para el Espíritu, la verdadera libertad consiste en la ruptura de los lazos que le encierran en el cuerpo.

Cuando son personas de nuestra convivencia afectiva, normalmente las vemos como las mejores del mundo, sin ningún defecto.

Por eso, cuando se van al otro lado de la vida, creemos que se han ido antes de tiempo.

Entretanto, la Justicia de Dios jamás se equivoca y todo está correcto.

Es así que tenemos siempre entre nosotros Espíritus dedicados. Nos acordamos del médium brasileño Francisco Cándido Xavier.

Sirvió a la Humanidad, siendo el intermediario de los Espíritus. Corazones de padres, esposos, hermanos, amigos, novios, fueron consolados por los mensajes de sus amores.

Mensajes llegados a través de las manos de su mediumnidad.

La Madre Teresa de Calcuta murió a los 87 años. Desde su juventud se dedicó a los pobres más pobres, distribuyendo sus Casas de Caridad por todo el mundo.

Como ellos, otras tantas vidas envejecen en el mundo sirviendo al semejante.

Habituémonos a no censurar lo que no podemos comprender. Muchas veces, lo que nos parece un mal es un bien.

Y son solamente nuestras facultades limitadas las que no nos lo permiten percibir.

*   *   *

Francisco Cándido Xavier psicografió más de cuatro centenas de libros. Estos libros, publicados y republicados en varios idiomas, continúan consolando, esclareciendo, levantando vidas.

La Madre Teresa de Calcuta dejó un legado de amor en el mundo, con sus Casas de Caridad repartidas en casi todos los países.

Estuvieron largos años en la Tierra. Mensajeros de Dios, esparcieron el bien que vivieron todos los días.

Redacción del Momento Espírita.
En 8.12.2017.

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