Momento Espírita
Curitiba, 17 de Dezembro de 2017
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ícone Antes de nuestra partida

Somos perecederos en tanto seres vivos, transitando por la Tierra. Inmortal solamente el Espíritu.

A pesar de esta transitoriedad, aún seguimos dando importancia a una serie de cosas que no importan tanto.

Deberíamos haber aprendido a reservar espacios en la agenda y energía para las pequeñas cosas que nos hacen felices y dan sentido a la vida.

Posiblemente por eso es que alguien escribió un poema de despedida sobre una persona que, al encarar la muerte, realiza un balance de los ayeres, dejados para atrás, y el mañana, que  no vivirá más en este mundo.

Cuando el mañana comience sin mí, y yo no esté allí para verlo, si el sol nace y encuentra tus ojos llenos de lágrimas por mí, me gustaría que no lloraras de la manera que lloraste hoy, mientras pensabas en las muchas cosas que dejamos de decir.

Sé cuánto me amas, y cuánto yo te amo. Y cada vez que piensas en mí, sé que sientes mi ausencia.

Pero cuando el mañana comience sin mí, por favor, intenta entender que un ángel vino y me llamó por mi nombre, me tomó de la mano y me dijo que mi lugar estaba preparado, en las moradas celestiales.

Y que yo debería dejar atrás a todos los que tanto amaba.

Pero cuando me di la vuelta para irme, una lágrima cayó por mi mejilla. Y pensé que no quería morir.

Tenía tanto para vivir, tantas cosas por hacer, y me pareció casi imposible que estuviera yéndome sin ti.

Pensé en nuestros días pasados, en los días buenos y en los malos, en todo el amor que vivimos, en todas las alegrías que tuvimos.

Si pudiera revivir el ayer, aunque fuera sólo por un instante, te diría adiós y te daría un beso. Y tal vez te habría visto sonreír.

Solo entonces descubrí que esto no ocurriría, pues el vacío y los recuerdos ocuparían mi lugar.

Cuando pensé en las cosas de este mundo, vi que puede que no vuelva mañana.

Entonces pensé en ti y mi corazón se llenó de dolor.

Pero cuando crucé las puertas del cielo, me sentí en casa. Cuando Dios me miró y me sonrió, Él dijo: “Esto es la eternidad y todo lo que te prometí.

Ahora tu vida en la Tierra es pasado, pero aquí una nueva vida comienza.

Te prometo que no habrá mañana, sino que el hoy durará para siempre.

Entonces, ¿qué te parece darme la mano y compartir mi vida?”

Por lo tanto, cuando el mañana comience sin mí, no pienses que estamos separados, pues todas las veces que pienses en mí, estaré dentro de tu corazón.

*   *   *

No esperemos que la muerte llegue para desear hacer las cosas que nos hacen felices.

Oigamos a nuestro corazón y no esperemos la hora de la partida para decir: ¡Te amo! ¡Eres importante en mi vida! ¡Mi vida sin ti no habría sido tan maravillosa!

No economicemos gestos ni palabras para manifestar nuestra ternura, nuestro cariño hacia los que amamos.

¡Gracias, madre mía! ¡Enhorabuena, hijo mío! ¿Te acuerdas de aquel día?

Recordemos: después de nuestra muerte, la empresa en la que trabajamos continuará, el trabajo proseguirá, alguien lo hará.

Pero nadie nos podrá sustituir en el corazón de nuestros amores. Por eso, aprovechemos intensamente la estadía a su lado.

Ninguno de nosotros sabe el día ni la hora de la partida.

Redacción del Momento Espírita, con la transcripción
del poema
Quando o amanhã começar sem mim,
de David M. Romano, que circula por internet.
Em 11.9.2017.

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