Momento Espírita
Curitiba, 22 de Setembro de 2017
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ícone Nunca envejecer

¿Cuál es el secreto para nunca envejecer?

En el anhelo de la eterna juventud no son pocos los que recurren a los más diversos recursos.

Los tratamientos clínicos, cirugías, las más variadas intervenciones, con un único objetivo: intentar engañar al tiempo.

Él sin embargo, inexorable, parece insistir en no dejarse engañar.

En breve, su peso recae sobre los hombros de todos, dejando marcas indelebles.

Pero ¿será posible mantenerse siempre joven?

*    *   *

Quien haya visto a aquella señora de rostro amigable, fácil conversación, los cabellos blancos bien arreglados, no podría imaginar los desafíos que la vida le había ofrecido.

Hija de inmigrantes, se crio en la comunidad de los ucranianos que llegaron al país, junto con sus padres.

Aprendió el idioma portugués después de los ocho años, lo que ha dejado marcas en su lenguaje, cargado de acento, como si fuese una extranjera.

Se casó joven, con otro inmigrante, manteniendo los lazos y las raíces con la comunidad, de los cuales siempre se ha enorgullecido.

Con los hijos, y fueron cinco en total, vinieron grandes desafíos.

Muy temprano, percibió en su marido tendencias para el juego.

Su desequilibrio llegó a tal punto que ella tenía que salir en la oscuridad de la madrugada, huyendo de los acreedores, llevando solamente a los niños, solo con lo puesto, sin rumbo.

A ese vicio le siguió el del alcoholismo, volviendo al marido muchas veces, ajeno a las responsabilidades y a las dificultades del hogar.

En gran parte de esos momentos, ella se encontró sola para mantener a la familia.

A menudo, los días amanecían sin que ella tuviera qué poner en la olla para alimentar a los niños a la hora del almuerzo.

Se privó muchas veces de comer, para que ellos pudiesen alimentarse mejor.

Sin embargo, nunca perdió su fe, su alegría de vivir, su optimismo.

Jamás, a lo largo de toda su existencia, se permitió quejarse de lo que la vida le ofreció.

Por el contrario, siempre tenía un buen consejo, una reflexión saludable, una historia para entretener a los que la rodeaban.

Viuda, con hijos criados, otros fueron sus ideales.

Regularmente regresaba a la colonia de inmigrantes de donde había salido, a llevar dinero, alimento o ropas, que reunía entre los más cercanos para distribuir.

Su entretención era hacer ganchillo y utilizaba el resultado para regalar, donar, favorecer a tantos.

A los setenta años de edad, decidió crear un programa de radio sobre la cultura de sus antepasados.

Fue para llevar aliento a los viejos inmigrantes, que tenían tantas añoranzas de su país de origen, justificaba ella.

Y personalmente buscó el patrocinio de los que conocía para financiar su sueño.

Durante más de diez años, hasta su desencarnación, ella llevó su palabra amiga y dulce a todos los que la escuchaban en su programa dominical.

Y así engañó al tiempo.

Así murió joven, con más de ochenta años.

Dejó la lección que, si el envejecimiento del cuerpo es algo inevitable, el envejecimiento del alma y de la mente es opción de cada uno de nosotros.

Todo aquel que tiene sueños, ideales nobles, objetivos a alcanzar, no importa la edad, siempre será joven, engañando al tiempo con sabiduría.

Redacción del Momento Espírita.
En 28.9.2016.

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