Momento Espírita
Curitiba, 25 de Julho de 2017
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ícone El Primer Ecologista

La ecología es la ciencia que estudia la relación entre los seres vivos y el medio ambiente en que viven. El término fue utilizado por primera vez en el año 1869, por el científico alemán Ernst Haeckel.

Sin embargo, en el estudio de los Evangelios, encontramos al más excelente ecologista. Mucho antes que los hombres se preocupasen por su casa terrenal, con las cuestiones ecológicas, un Sabio Galileo demostró el vivir saludable y la interacción con el medio ambiente.

Él nació en un establo, apropiado para abrigar a los animales. Un buey y un burro compartieron el espacio con Él.

Su primera cuna fue improvisada en un pesebre y sus padres utilizaron del heno reservado a los animales.

Sus primeros visitantes fueron los hombres que cuidaban las ovejas en el campo.

Comenzó su tarea mesiánica identificándose, conforme a las Escrituras, en las aguas del río Jordán.

Aunque frecuentaba las sinagogas y el templo, en Jerusalén, fue en el altar de la naturaleza que tejió las consideraciones más bellas acerca del reino que vino a implantar en el corazón de los hombres.

Subió a un monte y pronunció el poema nunca igualado de las bienaventuranzas.

En el pozo de Jacob, en Samaria, se sirvió del líquido precioso para tejer una analogía y ofrecer el agua viva, que quita la sed por siempre.

Hablando acerca de la fe, la comparó con el diminuto grano de mostaza que, sembrado, se convierte en árbol frondoso donde las aves vienen a abrigarse.

Enseñando la humildad, declamó versos acerca de los lirios del campo, que no tejen, ni hilan, pero se visten con mayor pompa que el gran rey Salomón.

Enseñando la confianza en la Providencia Divina, se refirió a las aves del cielo, que no siembran ni siegan, sin embargo, el Padre les provee el alimento diario.

En medio de una tempestad que atemorizaba a sus compañeros, Él se levantó y habló a los vientos, ordenando a los Espíritus que actúan en la naturaleza, que cesasen su acción.

Se comparó con una vid, comparando a Sus discípulos con las ramas, Él mismo distribuyendo la savia que habría de alimentarlos.

Se denominó la rama verde, vigorosa, que da flores, que fructifica. Demostrando el conocimiento intrínseco del oficio, se ofreció a sí mismo como el Buen Pastor, aquel que, al contrario del mercenario que huye ante el peligro, da Su vida por Sus ovejas.

Y contó la historia de la oveja perdida, de las noventa y nueve seguras en el redil, de la alegría del pastor al encontrar a su oveja, llevándola sobre sus hombros.

Viviendo en el ambiente de la carpintería mientras crecía, agonizó y entregó Su Espíritu al Señor de la Vida, clavado en un madero.

*    *    *

Jesús ecologista. Jesús, amante de la naturaleza. Reapareciendo en la mañana del domingo, Él esperó en el jardín y se identificó con María Magdalena.

Y en plena naturaleza, en medio de una asamblea de cinco centenas de discípulos, se alzó y desapareció ante los ojos humanos, adentrándose en el reino del Padre, dejándonos la lección de amor al semejante y a la naturaleza.

Naturaleza que Él enseñó a apreciar en sus detalles, a prestar atención a las cosas que parecen insignificantes, pero que integran el medio ambiente en el que nos movemos, en el que vivimos.

Jesús, Modelo y Guía. Ecologista de primera magnitud.

Redacción del Momento Espírita.
En 12.9.2016.

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