Momento Espírita
Curitiba, 26 de Maio de 2017
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Andy Foster tiene cuarenta y cinco años. Es autista y camarero en un restaurante en Inglaterra.

Cuando algunos clientes se sintieron incómodos con su presencia, como si tuviesen algún problema en ser atendidos por él, el propietario del establecimiento tomó una actitud radical.

Escribió una carta y la publicó en una red social:

Hoy pasamos el día reconstruyendo la autoestima de uno de los miembros de nuestro equipo, después de él haber sido despreciado y discriminado al servir una mesa en la cena de anoche.

"¿Cuál es el problema de él?" y "¿Por qué le has dado este trabajo?" – Preguntaron los clientes...

Aquí, en nuestro restaurante, contratamos a nuestros empleados sobre la base de la experiencia y la pasión por el trabajo...

No contratamos por el color de la piel, por su apariencia, por la cantidad de tatuajes, por el tamaño de las ropas, por las creencias religiosas o por las enfermedades. ¡Nosotros no discriminamos!

Pero si tú haces eso... entonces, por favor, no reserves una mesa con nosotros. ¡Tú no mereces nuestro tiempo, esfuerzo, ni respeto!

*    *   *

Todavía traemos antiguos vicios en el alma.

¿Por qué los hombres y las mujeres reciben salarios diferentes para hacer el mismo trabajo, al ocupar el mismo cargo?

¿Por qué las personas mayores no pueden trabajar?

¿Por qué utilizamos el término incapaz, en referencia a la persona con discapacidad?

¿Incapaz de qué? ¿De realizar ciertas tareas?

Reflexionemos: ¿será que aún no somos todos incapaces de muchas cosas? Como Espíritus en desarrollo en la Tierra ¿no tenemos muchos vacíos intelecto-morales?

Algunos de nosotros, al ver a alguien tocar algunos acordes de una canción en cualquier instrumento, afirmamos: ¡No soy capaz de tocar ni un timbre!

Otros no tenemos talento para trabajos manuales.

Y otros no comprendemos una coma de las noticias sobre economía, mercado de valores, cambio, etc.

¿Y somos llamados incapaces por eso? Sería, por lo menos,  una gran ofensa.

 Por lo tanto, centrando nuestra mirada en los que son considerados especiales, percibimos que ellos pueden tener mucha dificultad en determinadas áreas; que aprenden más lentamente. Sin embargo, al mismo tiempo, hacen muchas otras cosas con maestría, incluso con virtuosismo.

Son capaces de atender una mesa en un restaurante con más simpatía y alegría que muchos de los llamados normales.

Son capaces de realizar tareas con extrema atención, con cuidado - algo muy difícil de encontrar en los empleados, en general.

Son capaces de cocinar, de dictar una clase, de actuar y de todo lo que podemos imaginar. Aún más, son capaces de hacernos creer en el poder de la persistencia, del esfuerzo y de la resignación. Ellos nos enseñan muchas cosas.

Pensemos bien. Reflexionemos un poco más la próxima vez que oigamos el término incapaz o cuando percibamos cualquier tipo de discriminación con quienquiera que sea.

Por fin, seamos nosotros aquellos que abramos las puertas para ellos, para que dejen de ser excluidos en nuestra sociedad y puedan tener una vida plena.

No permitamos que nuestros prejuicios nos transformen en verdaderos incapaces.

 Redacción del Momento Espírita,
basado en un hecho.
En 28.7.2016.

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