Momento Espírita
Curitiba, 21 de Outubro de 2018
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ícone Amor, fuerza creadora

Un profesor de sociología mandó sus alumnos a los barrios pobres de la ciudad de Baltimore, Estados Unidos, para realizar estudios de casos individuales de 200 chicos, haciendo una evaluación del futuro de cada uno de ellos.

En todos los casos los estudiantes hicieron la siguiente evaluación: "él no tiene la más mínima posibilidad de triunfar".

Pasaron 25 años y otro profesor de Sociología se dedicó al estudio realizado. Pidió a sus alumnos que efectuasen nuevos estudios para verificar lo que había sucedido con aquellos muchachos pobres.

Los estudiantes descubrieron entonces que, con excepción de 20 chicos que se habían mudado o muerto, 176 entre los 180 restantes, habían alcanzado un éxito más allá de lo común como abogados, médicos y hombres de negocios.

El profesor se sorprendió y decidió ir más lejos con la investigación.

Felizmente todos los chicos, que ahora ya eran hombres, vivían en la ciudad. Por lo que tuvo condiciones de preguntarles a cada uno de ellos, a qué atribuían su éxito.

En cada caso la respuesta era siempre la misma: "hubo una maestra..." Y la respuesta era acompañada de un sincero sentimiento de gratitud.

Como la maestra aún estaba viva, decidió buscarla y preguntarle cuál era la fórmula mágica que había usado para impulsar a aquellos muchachos a conquistar las profesiones que tanto anhelaban, y superar los obstáculos impuestos por la condición social.

Anciana, pero aún lúcida, la señora, con brillo en los ojos y en los labios una sonrisa gentil, contestó: "Es realmente muy sencillo. Yo amaba a esos muchachos".

Como se puede percibir, no hay escollos capaces de detener la fuerza del amor verdadero.

El amor es de esencia divina, es fuerza creadora.

En cualquier parte que ese sentimiento sublime se haga presente, derrama luz y bendiciones renovadoras.

Cuando el amor se manifiesta, disemina luz donde las sombras se obstinan en permanecer.

Quien ama vence las dificultades y supera los propios límites, contagiando con su acción a todos los que se le acerquen.

En nombre del amor, Jesús soportó la cruz infamante para legar a la humanidad su inconfundible Doctrina.

Contagiados por su amor, los cristianos primitivos marcharon a las arenas, sacrificando las propias vidas para no abjurar al Sublime Amigo.

Fue por amor que muchos apóstoles enfrentaron la furia de los hombres, con bravura y coraje, para llevar la buena nueva a los corazones sedientos de paz.

En nombre del amor, muchos anónimos como la maestra de Baltimore, se entregan a sus semejantes fomentando la esperanza y demostrando, con sus propios actos, que vale la pena invertir en la vida, y, sobre todo, en el amor.

***

En nombre del amor fraternal, Madre Teresa superó obstáculos considerados como insuperables, para ayudar a los hermanos de Calcuta, y consiguió el respeto del mundo entero.

Son suyas estas palabras:

"Distribuya amor en cualquier parte que vaya: antes de nada, en su propia casa. Dé amor a sus hijos, a su esposa o marido, a su vecino de puerta."

"No deje que nadie venga hasta usted sin marcharse mejor o más feliz."

"Sea la expresión viva de la bondad de Dios: bondad en su cara, bondad en sus ojos, bondad en su sonrisa, bondad en su caluroso saludo."

 

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