Momento Espírita
Curitiba, 25 de Junho de 2018
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29 de agosto de 2005. Una tormenta tropical de escala 5 alcanza la costa sudeste de Estados Unidos de América.

Los vientos del huracán, que recibió el nombre de Katrina, alcanzaron 280 kilómetros por hora, y devastaron la histórica ciudad de Nueva Orleans.

Más de un millón de personas fueron evacuadas. Seiscientas mil casas, la gran mayoría de personas pobres, fueron destruidas.

Uno de los huracanes más destructivos que alcanzó a los Estados Unidos, dejó alrededor de mil trescientos muertos.

Muchos relatos se mezclan al del señor J.R., habitante de 65 años de edad, sin automóvil, tarjeta de crédito o dinero ahorrado.

Escuchó en la radio, tres días antes, que la tormenta se acercaba, y que se recomendaba firmemente la evacuación.

Pero, sin tener a donde ir, y con la esposa en una silla de ruedas, salir era casi imposible.

El Sr. J.R. decide permanecer y enfrentar a la tormenta, como lo había hecho antes. Con un stock de comida y agua, la familia se sentía preparada.

Sin embargo, el lunes, la ruptura de los diques inundó en pocas horas aquella área, una de las regiones más bajas de Nueva Orleans.

La subida rápida del agua hizo con que J.R. quitara a su mujer de la silla de ruedas, pero su considerable metro y noventa no fue suficiente para evitar la tragedia.

Escapando de sus brazos, su amada murió sumergida.

*   *   *

¿Cómo seguir adelante después de sucesos como este?

¿Cómo manejar las tragedias del cotidiano, sin desanimarnos  y desistir?

Seguramente, uno deberá encontrar su manera, sus cimientos, pero posiblemente todos pasarán, aunque sin notarse, por uno mayor: la confianza en Dios.

No hablamos de ese dios, con d minúscula, que creamos a lo largo del tiempo, a nuestra imagen y semejanza.

No, ese dios está desgastado, cansado, y tal vez en sus últimos días...

Nos referimos a la Inteligencia Suprema, el Creador, omnipresente, bueno y justo.

Nos referimos al Dios de las Leyes perfectas, que no se venga, que no se toma por la ira en ninguna circunstancia, y que ama a todas Sus criaturas, sin preterir a nadie.

Y en este amor supremo, que aún escapa a nuestra comprensión, están designios, experiencias, enseñanzas que, de cuando en cuando, aún nos cuesta entender.

Esta inteligencia controla todo. Nada sucede sin que Él y Sus leyes lo permitan.

Dios no Se olvida, no deja nada de lado, no privilegia a nadie.

Él nos da lo que necesitamos en este o en aquel momento, para que continuemos nuestro crecimiento moral e intelectual rumbo a la felicidad.

Sus designios de vez en cuando aún nos dejan perplejos, pero si Le damos  una oportunidad, una oportunidad solamente, vislumbraremos sus razones más adelante.

Veremos que Él solo atendía a nuestra necesidad íntima, como un Padre amoroso que siempre hace lo que hay de mejor al hijo, aunque este aún no comprenda Sus acciones.

*   *   *

Adelante... Hay que seguir adelante.

Estancados en el ahora, sin horizonte, perdemos la razón de seguir, de continuar.

No desanimes... Da una oportunidad más a la vida y verás que ella y el Creador te reservan días mejores...

Confía... Y sigue siempre... Adelante.

 

Redacción del Momento Espírita.
En 21.12.2010.

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