Momento Espírita
Curitiba, 16 de Julho de 2019
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ícone ¿Quién es digno?
 

Prejuicio es el concepto u opinión formada anticipadamente sin mayor ponderación o conocimiento de los hechos. Es un prejuzgamiento.

Por tratarse justamente de un concepto expuesto de manera aleatoria ha sido el causador de muchas injusticias.

Guerras fueron desencadenadas por causa de la discriminación racial. Naciones se ostentaron  como superiores a otras y sometieron a la esclavitud a los considerados inferiores.

Por causa de  la discriminación, el niño más inquieto o astuto, el zurdo, el distinto fue considerado como merecedor de castigo. Simplemente por diferenciarse de los demás.

La discriminación separa a las personas, segrega comunidades y traba el progreso.

Por lo tanto, es de extrañarse cuando la discriminación se presenta entre aquellos que se dicen religiosos.

La discriminación entre los adeptos de diversas religiones, donde unos se habilitan con exclusividad al reino de los cielos, vaticinando estados de infelicidad para aquellos que no profesan la misma expresión de fe.

La cuestión asume proporciones de más gravedad cuando se observa el malestar causado por la presencia de determinadas personas en el templo de una u otra denominación religiosa.

Se comenta, ¿cómo el fulano se atreve a adentrarse en el templo religioso con antecedentes de tantos desaciertos? ¿Cómo puede hacerlo delante de tantos errores?

Cuando son formulados tales despropósitos, nos recordamos que si los cristianos primitivos hubiesen procedido de esa manera jamás tendríamos conocido el inigualable valor de Pablo de Tarso.

Él tenía las manos rubras de la sangre de la primera ejecución de un seguidor de Jesús.

Él era el persecutor de la Buena Nueva.

Pero el persecutor se torna un defensor del Evangelio. Y también perseguido ofrecerá el testigo de la Verdad hasta la muerte.

A él se debe la propagación del Evangelio más allá de las fronteras de Israel.

Jesús dijo que Él no vino para los sanos, porque esos no necesitan de médico.

Yo he venido para las ovejas perdidas, afirma repetidas veces. Por eso, rompe las barreras del prejuicio y se encuentra con la Samaritana en el Pozo de Jacob.

Cura el siervo  del centurión romano y alaba su conducta, confesando públicamente jamás haber encontrado tal expresión de fe en Israel.

Acepta invitaciones para las comidas y se hace presente en la casa de ex leprosos y publicanos. Anda con mujeres consideradas de mala vida.

Concede entrevistas al doctor de la ley, al joven rico, a la mujer del intendente de Herodes.

Todos son acreedores de Su amor y de la misericordia del Padre.

*   *   *

Si nuestro Modelo y Guía procedió de esa manera, pensemos con qué intensidad debemos mirar con compasión aquellos que así como nosotros son tan frágiles y problemáticos, que intentan acertar pero no siempre alcanzan el éxito.

Así como nos fortalecemos de energías en el templo de nuestra fe, no coloquemos trabas al otro que busca a los mismos beneficios.

Si hay error, culpabilidad en él, el problema toca a la Justicia Divina.

Cabe a nosotros el apoyo de hermano, el hombro amigo, la caridad de la comprensión.

Pensemos en eso.

Redacción del Momento Espírita
En 16.11.2009.

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