Momento Espírita
Curitiba, 24 de Junho de 2018
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ícone A mi hija

 

Te miro y me pregunto: ¿Dónde está aquella muchachita que quería todo de rosa?

¿Dónde está aquella niñita que salía a la calle con la corona de reina en la cabeza?

¿Dónde  fue a parar el mundo del haz-de-cuenta, los castillos dorados, las hadas?

Tú creciste. Y la impresión que tengo es que dormiste niña y despertaste adolescente.

El cambio fue muy brusco. Por eso, te pido que tengas un poco de paciencia conmigo. Necesito de tiempo para acostumbrarme a pensar que tú estás caminando hacia la fase adulta.

Que, aunque traiga la mente todavía repleta de sueños, son muy diversos los años de la infancia.

Tú navegas en Internet, descubres tierras maravillosas y tejes sueños de viajes.

Tú deseas el mundo. Hasta ayer, deseabas ser un cóndor para volar encima de las montañas, dominando los cielos.

Ahora, piensas como será pilotar un avión, para estar entre las nubes.

Tú estudias sobre los astros, planetas, sistemas solares y ves películas de conquistas espaciales, simulando en tu mente, ser tú la heroína a bordo de las naves que dominan el espacio.

Bajas de las nubes y tu corazón late, sin compás. Los galanes, los artistas, los chicos de la escuela.

Son tantas emociones y tantas cosas aconteciendo dentro de ti.

El hombre viejo despertando, las hormonas actuando, las compañeras asumiendo posturas, exigiendo otras de ti.

En ese tu mundo de adolescente, hay tanto para querer, para conquistar.

Tiempo de confusión. Tiempo de decisión. Luego, necesitarás definir la profesión que deseas, la carrera que pretendes seguir.

¿Médica? ¿Veterinaria? ¿Yóquey? ¿Antropóloga?

¿Estudiar inglés? ¿Perfeccionarse en la biología?

Hay tanto que decidir. El tiempo urge.

De repente, me doy cuenta que ya fue adolescente. Pasé por todo eso. Y sufrí, lloré, vencí.

Por eso te digo: Sigue adelante. No pierdas la fe en ti misma. No descartes a Dios de tu vida.

Sueña y sueña mucho. Desea siempre crecer, progresar.

No pierdas la garra, la voluntad de alcanzar lo que anhelas. Quien abandona sus sueños, ya perdió la gracia mayor de la vida. Ya comenzó a morir.

Tú viniste al mundo para ser feliz, para conquistar experiencias, para evolucionar.

Por eso, sueña e intenta en tus sueños. Planea y persigue tus proyectos.

Estudia, trabaja, vive.

No descartes a nadie de tu vida: la familia, los amigos, profesores, compañeros.

Todos están a tu alrededor para el apoyo afectivo que necesitas.

Sé amiga, hermana, hija, compañera. Nunca olvides, sin embargo, que eres hija de la Luz, heredera del Universo, Espíritu inmortal.

Conquista las glorias del mundo, pero no olvides que el brillo mayor, imperecedero, es el que tú conquistarás, Espíritu, viviendo el bien, haciendo el bien, embelleciendo el mundo con tu presencia especial.

Redacción del Momento Espírita.
En 15.07.2009.

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