Momento Espírita
Curitiba, 25 de Junho de 2018
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ícone Abortamiento

        ¿En qué momento ocurre el milagro de la vida? ¿En qué instante el soplo Divino pasa a animar el cuerpo de aquel nuevo ser que pronto surgirá en la Tierra?

        La respuesta a estas preguntas siempre inquietó a la Humanidad. Meditaron sobre ella filósofos, religiosos y científicos. Solamente la religión ofrece certezas.

        Lo más interesante es que esas certezas son muy semejantes, lo que indica que las diversas tradiciones religiosas, alrededor del Mundo, guardan entre si  muchas cosas en común.

        Por ejemplo, casi todas las religiones enseñan que la vida se inicia en el momento de la concepción.

        En aquel momento en que el espermatozoide fecunda el óvulo, se inicia lo más complejo y conmovedor proceso: la formación de un nuevo cuerpo humano.

        Y, lo aseguran los religiosos, es en ese instante sublime que el Espíritu se une al cuerpo en formación.

        Por eso, también, las religiones son unánimes en reprobar el aborto. La única excepción es cuando el embarazo amenaza la vida de la madre. Y eso también es una unanimidad entre las creencias.

        Bueno, si es así, si todas las religiones humanas desaconsejan el aborto, ¿por qué la Humanidad insiste en el abortamiento?

        ¿Qué es lo que hace con que padre y madre escojan matar a su hijito? ¿Qué nos mueve en dirección a una actitud que victima una criatura frágil y desprotegida?

        Respuesta: nuestro egoísmo. Cuando nos vemos en una situación que amenaza nuestro confort, en general nos defendemos escogiendo una actitud defensiva.

        El problema es cuando nuestra actitud viola los derechos de los demás. Y eso, definitivamente, ocurre cuando se hace el aborto.

        Sí, porque en el silencio del vientre crece un cuerpo que ya tiene dueño. Será morada de un Espíritu inmortal, abrigará a un hijo de Dios.

        ¿Cuántas veces nosotros, los que creemos en Dios, pensamos que aquel cuerpo en formación es la morada de un hermano nuestro? ¿Un ser especial que las manos de Dios depositaran en nuestros brazos?

        Y ¿cómo recibimos esa nueva vida? ¿Qué hacemos con el Divino regalo que nos llegó a las manos? ¿Será correcto sofocarlo cuando está todavía tan frágil y pequeñito?

        No. La vida pide protección, amparo.

        En todos los países e idiomas del Mundo, la maternidad es alabada como sublime. No podemos, en nombre de la modernidad, corromper los valores morales y éticos que heredamos. La ley natural es la del progreso. Jamás de retroceso.

        Hoy, el discurso de mucha gente es que la mujer debe tener poder de decisión sobre su cuerpo.

        La legalización del aborto es tratada como avanzo de los derechos humanos, pues se alega que la medida va a proteger las mujeres pobres que hacen abortos ilegales.

        Son argumentaciones equivocadas, parten de principios erróneos.

        Primero, porque el feto es otro ser, él no es parte del cuerpo de la madre.

        Y cabe la pregunta: ¿De qué derechos humanos hablamos? Derechos humanos están para garantizar prácticas éticas y no legalizar un asesinato de niños.

        Y si deseamos de hecho proteger a las mujeres pobres de las consecuencias de un aborto ilegal, deberíamos invertir en salud y educación.

        Son antídotos. Mujeres informadas van a usar métodos contraceptivos, tendrán acceso a la información. No necesitarán matar para evitar la gestación.

        Por otro lado, ¿dónde está el amor de que tanto hablamos y aspiramos sentir? El ejercicio del amor nos recomienda cuidar de los más débiles, ¿qué amor es ese que se desvencija de la vida que florece?

        El amor acoge, bendice, fortalece, es la expresión máxima de solidaridad. El amor seguramente no mata.

Redacción del Momento Espírita.
En 06.02.2008.

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