Momento Espírita
Curitiba, 20 de Agosto de 2018
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ícone Adquisición de la conciencia

Allan Kardec, el gran responsable por la codificación del Espiritismo, les preguntó a los Sabios del espacio dónde están escritas las leyes de Dios.

Y ellos le contestaron: en la conciencia. 

De esta forma, todos los seres humanos traen consigo, entalladas en la propia conciencia, las leyes divinas.      

Sin embargo, aunque estén escritas, no todos logran leerlas, interpretarlas y practicarlas. Para ello es necesario el desarrollo del sentido moral.

Esa conquista es fruto del esfuerzo personal, del estudio, de la meditación,  de los pensamientos nobles.  

El despertar de la conciencia es un efecto natural del proceso evolutivo, y esa conquista permitirá al ser evaluar factores profundos como el bien y el mal, lo correcto y lo erróneo, el deber y la irresponsabilidad, la honra y la deshonra, lo noble y lo vulgar, lo lícito y lo irregular, la libertad y el libertinaje.

Esa conciencia no es de índole intelectual, actividad de los mecanismos cerebrales. Es una fuerza que los impulsa nacida en las experiencias evolutivas, que se exteriorizan en forma de acciones.

La encontramos en personas incultas intelectualmente, y ausente en otras, portadoras de conocimientos académicos.

Especialistas en problemas respiratorios, por ejemplo, que conocen los daños provocados por el tabaquismo, por el alcoholismo y por otras drogas, y que, a pesar de ello, usan, ellos mismos, uno de esos flagelos, demuestran que aún no han desarrollado la conciencia plena.

Sus datos culturales son frágiles de tal forma, que no disponen de valor para mantener una conducta saludable.  

Por otro lado, hay individuos que no tienen nociones intelectuales pero tienen lucidez para actuar ante los retos de la existencia, y eligen un comportamiento no agresivo y digno, aunque a costa de sacrificios.

La conciencia puede ser entrenada mediante el ejercicio de los valores morales elevados, que tienen por objeto el bien del prójimo y, en consecuencia, el propio bien. 

Si desea iluminar su conciencia, he aquí algunas breves reglas que van a ayudarlo a alcanzar ese propósito:

Administre sus conflictos. El conflicto psicológico es inherente a la naturaleza humana y todos lo sufren.

Evite elegir hombres modelo para seguir. Ellos también son falibles y, a veces, se comprometen, lo que, de ninguna manera, debe constituir falta de estímulo.

Permítase una dosis mayor de confianza en sus valores, esforzándose para mejorar siempre y sin desanimar. Si se equivoca, repita la acción, si acierta, siga adelante.

No huya al enfrentamiento de problemas usando disculpas falsas, comprometedoras, que lo sorprenderán más tarde con dependencias infelices.

Reaccione a la depresión, y trabaje sin auto piedad ni acomodación  perezosa.

Tenga en su mente que los suyos no son los peores problemas. Ellos pesan  de acuerdo al volumen que usted les imprime.

Libértese de la queja pesimista y medite más en las fórmulas para perseverar y producir.

Nunca ceda espacio a las horas vacías, que se llenan de aburrimiento,  malestar o perturbación.

Recuerde que usted es humano y el proceso de toma de conciencia es lento. Usted adquirirá seguridad y lucidez a través de una acción  continua y firme. 

¡Piense en eso! 

La existencia terrena es toda una oportunidad para el enriquecimiento continuo.  

Cada instante es una aspiración de nuevas acciones que favorezcan el  crecimiento, el conocimiento y la conquista.

Saber utilizarla es un reto para la criatura que se afana por nuevas realizaciones.

¡Piense en eso, pero piense ahora! 

 

Equipo de Redacción de Momento Espírita, con base en el libro Momentos de Conciencia, caps. 1 y 6, Divaldo Franco. Edit. LEAL,1992. Versión en español: Roberto M.L.Lamela Roca / AD LITTERAM

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